Morcillas

Fuente: Los Ranchos de Pascua en Tinajo

Manuel J. Lorenzo Perera
Mª Dolores García Martínmorcillas

Además de la sangre del cochino, el ingrediente esencial, llevaban pasas, azúcar, gofio, bizcocho majado y “había quien le llegara aponer hasta arroz”. Todo se removía, con las propias manos, en una amasadera hecha de tablas (la misma que en su momento se utilizaba para sobar el pan), introduciendo la masa, con la mano o con la ayuda de un fonilito, en tripa fina del animal sacrificado, previa y debidamente limpia.

Posteriormente, a tramos de una cuarta aproximadamente, “se amarraban con un hilo zapatero, se ataban a una vara de parra, se hacía como un arco y se metía y se sacaba del agua hirviendo (…), así hasta que las tripas se quedaran negras y las pinchábamos con una aguja”; esto último tenía por finalidad determinar su punto, de modo que si no soltaban sangre, ya estaban: “donde guisaban las morcillas nos tomábamos aquella agüita de las morcillas”. Eran colgadas al humo de la cocina. Las comían cortándolas en meditas, crudas o fritas, con gofio amasado; y hasta se llegó a mojar gofio en el aceite que quedaba en la sartén tras freírlas, muchas veces con manteca.

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