Conseguir y aprender a tocar los instrumentos


Fuente: Los Ranchos de Pascuas en Tinajo

Manuel J. Lorenzo Perera
Mª Dolores García Martín

 

Ya hemos indicado que los instrumentos musicales más antiguos (panderos, espadas, castañetas) fueron elaborados, muchas veces, por sus usuarios, lo que llegó a suceder a muy corta edad, contando para ello con los materiales que se tuvieran a mano: “y después le ponía (al pandero) las sonajitas de cacharros de leche condensaa“.

Los cordófonos solían comprarse hechos; elaborados por tocadores locales, caso no muy frecuente; o adquiriéndose en Teguise o en otros lugares, dentro o fuera de la isla.

En lo que a conocimientos se refiere, también se partió siempre de las propias accesibilidades. Hubo quien aprendió a tocar el pandero “yo chinijo, ahí, mandándole”. Y en cuanto a las castañetas, en lo que concierne a la iniciación, es elocuente el siguiente texto:

“Cuando iba con las cabras cogía unas cucharas de lapa; cogía uno dos cucharas desas; las de arriba (de superficie o de sol) son mejores, porque son mds livianas, la lapa negra es mds liviana. Le quitdáamos los piquitos aquellos con una piedra” (1).

Era tanto el interés, la afición y las ansias de aprender para participar que los muchachos, para emprender la andadura de tocar la guitarra, lo hacían utilizando una tabla en cuyos extremos clavaban cinco tachas, disponiendo, de una a otra y en sentido longitudinal, cordeles de tanza o cuerdas viejas. “O golpeando una camisa millo o un cartón para ir aligerando la mano”. Se proseguía adquiriendo un instrumento de segunda mano; o nuevo, quien podía:

“La primera guitarra se la compré a uno de Tinajo, Pancho Martín. Tenía una guitarra vieja, buena, valenciana, y se la compré en quince pesetas” (2).

”Me costó treinta duros (la guitarra). Mi abuela puso quince y yo otros quince. La compró en Las Palmas un señor, pelión, conocido por Paparusa, del Puerto (Arrecife). Mi padre habló con él y Paparusa la trajo, trabajaba en los barcos” (3).

No faltó quien aprendió la guitarra y el timple fijándose, observando a los demás: “cuando uno es nuevo aprende enseguía”. Otros, siguiendo consejos y directrices: “decía mi padre, la guitarra no tiene fin, por donde quieran que la busquen, la encuentra”. O mediante las orientaciones de alguien que tuviera conocimientos y supiera enseñar, llevándolo a cabo sin ningún interés económico. Con parte de las cosas que hemos expuesto, guarda relación el texto que sigue:

“Yo me acuerdo que cuando yo empecé a tocar timple que ya sabía un poquito que aprendí, me acuerdo, con Rafael Cedrés que venía por allí, que tenía la casa allí donde vivía mi abuelo, allí, por debajo. Fue un timple que compré a Agustín el de Marcos, como nosotros le decíamos, un timple, del hermano Cristóbal que lo hizo él y un tal Luis, Luis Pérez, Luis el palmero que le decían, que el padre tenía una panadería, ese chico murió joven. Le compré el timple, en cinco duros me parece que fue. Mi abuelo me dio un almud y medio de garbanzos, me parece que fue, pa comprar el timple, mira tú, que uno no tenía una peseta, pero un timple mal hecho (…) pero yo con eso me remedié yo dos o tres años, él estaba too rajado ya por toos sitios, parecía too pegado de esparadrapos, yo no sé lo que era, papeles y. . . entonces más tarde ya compré un timple, lo compré en La Villa (…) teníamos dos guitarras, el timple, teníamos los panderos (…)ya éramos unos diez o doce éramos ya en el rancho, teníamos un ranchito (…) “(4)

Todo discurría en el seno de una escuela de música oral, en la que las notas se conocían mediante un número o una denominación especial.

Mostramos a continuación esa nomenclatura y su equivalencia en la música de pentagrama:

El cruzado o la zorra           Fa
El tirado o el tendido          Do
El 1                                         Sol
El 5                                         Re
El 9                                         Si
El 6                                         Mi
El 4

Muchas veces se tocaba por una determinada nota en función del estado en que se encontraran los tocadores. Así, por ejemplo, la zorra o el cruzado era el tono preferido para “la isa de media noche pal día, era cadenciosa, lenta, estaba uno de amanecía, más desmayao”. El 6 era también ”suave pa canta”’ Y el 5 “pa más voz, lo más vivo”. Del 9 también se decía que “era la parranda de los borrachos” (5).

(1) Información oral de don Plácido Cabrera Perdomo , 72 años. Tajaste, VIII-2003.
(2) Información oral de don Domingo Callero Bonilla, 78 años. El Tablero-Tajaste,VIII-2003.
(3)152 Información oral de don Higinio Pérez Cabrera, 66 años. Tajaste, VIIl-2003.
(4) Información oral de don Julián Pérez Betancor, 72 años. Santa Cruz de Tenerife, 2003.
(5) Agradecemos la información de don Julián Pérez Betancor, don Higinio Pérez Cabrera y a don Domingo Callero Bonilla

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