La enigmática cueva de Ana Viciosa

Fuente: Enigmas y tesoros en Canarias
José de León Hernández

ANA VISIOSA EN LANZAROTE0003

Ahora bien, existe una referencia todavía viva en la memoria histórica de Lanzarote que recuerda directamente a nuestra legendaria mujer. Se trata de uno de los elementos cons­truidos más importantes de la Isla y que, en su condición de fortaleza, entendemos que debería tener la categoría de Bien de Interés Cultural, por ministerio directo de la ley. Se trata de la famosa Cueva de Ana Viciosa, situada en la Laja del Sol, en la costa de Tinajo.

Más allá de ser cierta o no la leyenda de que dicha cueva era el refugio de Ana Viciosa para compartir amores con el pirata «Cabeza de Perro», sobre lo que nos detendremos más adelante, no cabe duda que, por las características de dicha construcción, la com­plejidad de su acabado (la pared exterior está aún encalada), y el hecho de que tiene ventanucos a modo de troneras, la convierten en una auténtica fortaleza. Lo más lógico sería suponer que se trataba de un auténtico baluarte ante los continuos ataques piráti­cos que vive la Isla en tiempos de Ana Viciosa.

Seguramente, además de los lugares conocidos como refugio de la población de la Villa y de los distintos pueblos del interior frente a las razias piráticas, como el castillo de Guanapay o la Cueva de los Verdes, hubo otros refugios en la Isla pertenecientes a personajes importantes de ese tiempo. Algunos autores citan una cueva donde se re­fugiaban los marqueses por Famara y creemos que otro muy importante, aunque poco conocido, sería precisamente la Cueva de Ana Viciosa.

Cabe recordar los graves ataques piráticos ocurridos en los siglos XVI y XVII, que quedaron grabados en la memoria de la población. Poseemos datos sobre posibles capturas de vecinos de aldeas importantes -caso de María Cardona, mujer de Tomé González, cautivo, vecina de El Chupadero,..16 -, como de zonas aisladas, tanto en do­cumentos antiguos como en la toponimia de la Isla, aunque fuera de nuestro ámbito de estudio, como es La Cautiva, terreno que hay en el Jable de Tao, por Fiquinineo17, y que era citado también en la documentación anterior a las erupciones, lo que demuestra su antigüedad.

La zona donde se encuentra la Cueva de Ana Viciosa pudo haber tenido cierta fama como desembarcadero y se dice, por tradición oral, que existe una argolla de hierro sumergida para fondear los barcos. Por otro lado, la alusión a cañones, unida a las características defensivas de la Cueva de Ana Viciosa, hace pensar que esta costa, aunque difícil de navegar, sería frecuentada ocasionalmente en los continuos ataques piráticos de los siglos XVI y XVII, bien como refugio o como zona de desembarco. En días de bonanza, y a pesar de ser mares abiertos al norte, se citaban en el pasado, y se recogen en mapas antiguos como el de Torriani (contemporáneo a nuestro perso­naje), unos pocos puertos y calas naturales, como la Cala del Porto del Golfo, la Cala de Lovos y, posiblemente, las de Tenésera y la aquí citada de la Laja del Sol, donde se encuentra la Cueva de Ana Viciosa. La mayor parte de esa costa, con viejos lugares como Fuego Mácher, Esquina Guasia, la Hoya de Juan de la Mar, y esos desembar­caderos que tuvieron que ser conocidos y frecuentados por Ana Viciosa, quedaron destruidos por las coladas.

Esta legendaria cueva fue visitada y descrita en su obra Cinco Años de Estancia en las Islas Canarias por el profesor Rene Verneau 18. El insigne investigador francés hace una interesante descripción no solo de la aventura vivida para poder acceder a la citada cueva sino del interior de la misma:

El maestro (de Tinajo) me ofreció hospitalidad. Era un hombre que conocía muy bien los alrededores y me indicó, sobre el borde del mar, una cueva denominada con el nombre de Ana Viciosa. Por otra parte, me previno que me sería imposible llegar a ella…

…Después de esperar mucho tiempo, al final llegaron las escaleras. La más pequeña medía cuatro metros. Había costado un esfuerzo enorme franquear con ellas los malos pasos y todavía fue más difícil descenderlas al borde del mar. Una vez atadas sólida­mente unas con otras, tratamos de enderezarlas. No describiré todas las tentativas in­fructuosas que hicimos para izar, a lo largo de los peñones, esta escalera de más de 16 metros de largo. Iba a renunciar cuando me llegó un refuerzo. De todas partes vinieron curiosos. Con su ayuda, la escalera fue puesta en su sitio. Su extremo llegaba a unos 50 centímetros de la entrada de la cueva. Entonces rogué al buscador de guano que subiera, pero el pobre hombre, temblando, en vista de que las escaleras oscilaban tan pronto como se las tocaba, me confesó que nunca había hecho tal ascensión y que solo había oído que otro la había hecho… Finalmente, después de haber probado el coraje de los más valientes, me quité los zapatos y me puse a subir las escaleras… Oía la conver­sación de la gente: Apuesto – decía uno – que va a descender. Se va a matar, decía otro… Una vez en el último peldaño me fue fácil penetrar en su interior. Un pasillo estrecho daba acceso, después de varias vueltas, a una cueva amplia, baja y muy oscura. Encon­tré fragmentos de pino resinoso, medio carbonizados, que habían servido de antorchas y que también utilicé de esta forma. Con ellas me fue posible examinar toda la vivienda. Contenía gruesos guijarros amontonados en varios sitios, tablas y círculos procedentes de toneles pequeños. Había estado, pues, habitada en época reciente. Por otro lado, la construcción del muro de la fachada, que se compone de piedras cimentadas con cal, y las especies de troneras que allí existen, demuestran claramente que esta pared no es obra de los antiguos insulares.

En el mes de agosto de 1985 subimos a la Cueva de Ana Viciosa después de un arries­gado operativo de cuerdas y escaleras y con la colaboración de un buen grupo de jóve­nes de Tinajo, emulando la visita de Verneau. El acceso es ciertamente difícil, teniéndose que subir con varias escaleras unidas, ya que la cueva se encuentra en la parte baja de la visera del risco y habría que balancear las cuerdas de escalada para llegar hasta la en­trada. Por tradición oral se dice que pudo tener una entrada delantera a través de algún paso, que se derrumbó por la acción erosiva del mar19. También se comenta que pudo tener una entrada por la parte alta del acantilado, estando hoy sepultada.

Nos encontramos, como hemos dicho, con una cueva-fortificación, a juzgar por la exis­tencia de una pared que la cubre totalmente, con restos de mortero de cal y en la que se pueden distinguir varios ventanucos de observación, a modo de troneras. No es de grandes dimensiones y posee varias dependencias interiores, delimitadas por muros de piedra; algunas de esas habitaciones se encuentran a diferente altura. A pesar de algu­nas informaciones, como las de Agustín de la Hoz, en nuestra visita no encontramos material arqueológico si bien el suelo original de la cueva se halla cubierto por una gran cantidad de excrementos de aves marinas.

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NOTAS

16.- AHPLP. PN. Leg. 2.725. Fecha: 17 de noviembre de 1627.
17.- DE LEÓN y ROBAYNA FERNÁNDEZ, M. A. (1989): El Jable, poblamiento y aprovechamiento en el mundo de los antiguos manos de Lanzarote y Fuerteventura. III Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura. Tomo II. Págs. 11-107. Puerto del Rosario.
18.- VERNEAU, 1981:126-128.
19.- En relación a la dificultad de acceso, comentaba el geólogo Eduardo Hernández Pacheco en su visita a la isla en 1907: Esta cueva que el antropólogo francés describe como una de tantas cavidades existentes entre las capas basálticas de la Isla y que el morador de ella baria habitable cerrando su entrada con una pared y una tosca portada, es lógico suponer sería practicable cuando estuvo habitada y que ya no lo es, debido a la violenta acción erosiva del oleaje, que roe rápidamente la costa y destruye esta parte de la isla elevando el acantilado costero. HERNÁNDEZ PACHECO, E. (2002): Por los campos de lava: Relatos de una expedición científica a Lanzarote y a las Isletas canarias. Descripción e historia geológica (1907-1908). Ed. Fundación César Manrique.Torcusa. Madrid, pp.

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