Camino de La Santa

Fuente: Apuntes para la Historia de Tinajo
Por Inmaculada Rodríguez Fernández

Una circular del Ingeniero Jefe de la provincia llamaba la atención de la corporación municipal sobre la importancia que encerraba la Ley y Reglamento de caminos vecinales de fecha 29 de junio de 1911, por medio de la cual se concedía a los ayuntamientos grandes ventajas para la construcción de tales vías de comunicación. Recomendaba que se fijaran en la importancia de la ley con el fin de que se pudiera sacar de ella el beneficio que estaba destinada a prestar.

El alcalde, D. Manuel Perdomo Betancor, expuso, el 23 de enero de 1912, la necesidad que había de que el ayunta­ miento solicitara acogerse a los beneficios que disponía esa ley, relativa a la construcción de caminos vecinales subvencionados por el Estado. El pueblo de Tinajo era el único de la isla que no tenía carretera alguna, pese a hallarse trazada la que conducía directamente a la capital, Arrecife. Entendía que sería de grandísima utilidad para el vecindario la construcción de un camino que, arrancando de la plaza denominada de «Los Dolores», sita en la ermita del mismo nombre en el pago de Tinguatón, y atravesando el pueblo de Tinajo en toda su longitud, fuera a morir al embarcadero o puerto natural llamado «La Santa», al norte de la isla y dentro de la jurisdicción municipal. Los concejales consideraron que el embarcadero «La Santa» estaba llamado a dar salida a los productos agrícolas del Municipio, así como a la introducción de mercancías. Hasta él no se podía llegar sino por una vereda que atravesaban personas y caballerías defectuosamente. Por su proximidad al vecindario se ahorrarían el tiempo y los gastos que en esos momentos se ocasionaban llevando los pro­ ductos al puerto de la capital, distante de diecinueve a veinte kilómetros, mientras que de aquel solamente lo separaban cinco o seis kilómetros. Además, cruzaría dicho camino en toda su longitud los caseríos de Tinguatón, donde empezaba, Tajaste, Laguneta y Tinajo, para morir en el embarcadero, produciendo enormes beneficios al atravesar toda la zona laborable de la jurisdicción municipal. La corporación tomó el acuerdo de declarar el camino de verdadero interés general para el término municipal y acogerse para su construcción a los beneficios que dispensaba la Ley de Caminos Vecinales, por ser grande la utilidad pública que del mismo resultaría. El edicto de declaración de utilidad pública del camino vecinal salió publicado en el Boletín Oficial de la provincia, con fecha 2 de febrero de 1912. Estuvo expuesto al público durante quince días, tiempo durante el cual no se presentaron reclamaciones ni escritas ni verbalmente, contra el proyecto del camino.
El 17 de mayo de 1914 desde la presidencia se comunicó que había recibido del Ingeniero Jefe de Las Palmas ejemplares impresos del Real Decreto de 27 de marzo, relativo al segundo concurso de subvenciones de caminos vecinales señalado para el día 25 de ese mismo mes. Como quiera que el ayuntamiento tenía solicitada la construcción que partiendo de la plaza de Dolores, en el pago de Tinguatón, terminaba en el puerto o embarcadero de La Santa, a cuyo efecto había sido declarado de utilidad pública, entendía que estaban en el deber de concurrir al concurso acordando las condiciones o la forma, en que lo habían de hacer. Al formulario impreso que se les había remitido al efecto debían llevar todos los datos que fueran precisos. Persuadidos de lo conveniente y necesario que se hacía el que la corporación municipal concurriera al concurso de subvenciones, dado que de no hacerlo en esa ocasión no sería fácil que pudiera presentárseles otra oportunidad, acordaron concurrir al citado concurso formulando su petición bajo las siguientes bases y explicaciones:
1 º. La longitud total del camino, aunque se desconocía con precisión, se estimaba en siete kilómetros desde su punto de partida en la plaza de Dolores, pago de Tinguatón, al embarcadero de La Santa.
2º . Estimaban el coste de su construcción, con el 15% de contrata, más los gastos de estudio cuando se realizara, inspección y liquidación, sin contar el valor de los terrenos, en 10.500 pesetas, y por lo tanto, en 1.500 el coste medio del kilómetro.
3º. Dado que el Estado abonaba para la construcción del camino la cantidad de 6.825 pesetas, que era el 65% del coste total en atención a que el municipio pagaba por territorial 13.319’20 pesetas anuales, la diferencia, que ascendía a 1.675 pesetas, corría a cargo del ayuntamiento, comprometiéndose éste a facilitar dicha suma en materiales para la obra y ejecutar primeramente la parte que a la corporación le correspondía.
4°. Que para que el Estado se reintegre del anticipo facilitado por el mismo, se haría uso del recargo voluntario del 5% sobre la contribución territorial por no tener el ayunta­ miento bienes hipotecables, y que la obra fuera construida por el Estado ya que el municipio carecía de personal técnico para su ejecución.
El 26 de octubre de 1925 se dio lectura a una comunicación del Presidente del Cabildo Insular de Lanzarote en la que pedía que se le diera una relación de los caminos vecinales del término municipal necesitados de reparación, con el fin de formar el Plan de Caminos Vecinales. Los más necesitados de reparación se consideró que eran los siguientes: el que conducía de la plaza de San Roque hasta la ermita de Dolores y el que enlazaba el caserío de La Vegueta con la carretera que desde este pueblo iba a Arrecife.
En cuanto a los que se podían construir nuevos se encontraba en primer lugar el que conducía desde Tinajo hasta el embarcadero denominado «La Santa». Si bien no lo consideraban de gran necesidad por ese momento, si creían que lo sería dentro de poco tiempo por estar ya trazado y declara­ do de interés un embarcadero en el expresado punto, obra que seguramente se haría, más tarde o más temprano. De ahí venía la importancia que tendría, cuando tal sucediera, el referido camino. Tropezaba el ayuntamiento con la escasez de recursos económicos puesto que la mitad del coste total de la obra pesaba sobre la corporación municipal. Pero, pese a ello, consideraban importante que el camino se incluyera en el Plan y opinaban que los recursos que habían de facilitarse para su construcción podían aliviarlos en gran parte la prestación vecinal.
En mayo de 1930 el Delegado del Gobierno de Su Majestad remitió una comunicación al Alcalde en la cual le informaba de la próxima llegada a la isla de los Inspectores de Obra Públicas, enviados por el Ministro de Fomento para estudiar las obras públicas más necesarias y urgentes en los diferentes pueblos del territorio insular, obras con las cuales se intentaría remediar en parte la tristísima y angustiosa situación de los braceros isleños. La presidencia municipal consideraba que la única solución posible para remediar la increíble situación de la clase obrera del pueblo, quienes carecían de lo más indispensable para la vida, temiendo no sin fundamento perecer de hambre, sería la construcción de un camino vecinal que partiendo desde el puerto de La Santa terminara enlazando con la carretera que conducía desde Tinajo hasta Yaiza por La Geria, en el punto llamado «Peña Paloma», límite de la jurisdicción, pasando por el centro del pueblo, con dirección a Tinguatón y desde allí por entre las montañas del Rodeo y Ortiz, a terminar en el indicado sitio de Peña Paloma. Con la construcción del camino no sólo se resolvería la dolorosa crisis por la que atravesaba el pueblo sino que también se fomentaría de una manera considerable su industria arenera, tan prodigiosa en el territorio municipal y tan mirada con indiferencia por parte de los altos poderes que hasta ese momento habían desoído las súplicas constantes y razonadas que se le habían hecho reclamando eso. Además, deberían construirse dos pequeños ramales de caminos, desde el principal hasta cada una de las montañas mencionadas, ramales cuya longitud apenas alcanzaría un kilómetro . La presidencia entendía que todo lo que no fuera en beneficio de la agricultura sería un error solicitarlo puesto que esa era la base de la vida del pueblo y su principal economía. El ayuntamiento contribuiría con el 20% del coste total de la obra porque no querían ser en un todo gravoso al Estado.
En el Plan de Caminos vecinales formado en 1932 por el Cabildo Insular de Lanzarote figuraba, con el número seis de preferencia uno que iba de Muñique al Río por La Santa. Con el número once aparecía otro desde Tinajo a finalizar en el mismo punto que el anterior. La corporación municipal es­ timó que el caserío de La Santa carecía de importancia para que se la dotara de dos caminos vecinales que lo comunicaran con la cabecera del término municipal y con otro caserío. Estimaban que debía prevalecer solamente el que lo comunicaba con la cabecera del Municipio prolongándolo hasta el Río para dar salida a los productos de las salinas que en él existían. Solicitaban la supresión del uno de los dos caminos vecinales y la variación del orden de preferencia para su construcción. Para construirlo podía ofrecerse un 5% del costo de las obras, sin necesidad de hacer desembolso alguno, facilitándose por el ayuntamiento el material necesario para su construcción, cuyo valor excedía con mucho el expresado porcentaje. Enviarían instancia a la Primera corporación insular solicitando la variación del orden de preferencia de los caminos y la supresión del que salía desde Muñique. Con esa obra se remediaría un poco la precaria situación por la que atravesaban los proletarios del término municipal.

En mayo de 1938 unas fuertes lluvias ocasionaron graves desperfectos en el camino público de la Santa, desperfectos que fueron arreglados haciendo uso de la prestación personal.

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