Prohibidos los bailes y reuniones públicas

Fuente: Apuntes para la Historia de Tinajo
Por Inmaculada Rodríguez Fernández

 

Tomás Caraballo Peraza, alcalde de Tinajo, manifestaba ante el resto de los miembros que componían el cuerpo municipal, en la sesión plenaria correspondiente al 30 de septiembre de 1877, que eran muchos los escándalos que se habían estado observando, y que aún seguían ocurriendo. Esos escándalos eran causados, según las noticias que le habían llegado, por los jóvenes que salían de los bailes y reuniones públicas. Esos jóvenes, sin consideración de tipo alguno hacia los demás, atentaban contra la propiedad particular y en contra de las personas.

Por dicho motivo hacía presente a los compañeros que había decidido que cualquier vecino que quisiera organizar bailes o reuniones públicas, ya fuera en su casa o en la de un particular, pidiera primero permiso a la Autoridad. De esa manera, al estar enterados de tales re­ uniones, se podía velar por el pueblo y evitar los escándalos que se formaban.
El Ayuntamiento, deseoso de evitar en la medida de sus posibilidades los escándalos y abusos, tomó el acuerdo de prohibir hacer bailes y reuniones públicas sin el permiso del Alcalde. A quienes desobedecieran la orden se les impondría una multa de 10 pesetas. Del acuerdo tomado se daría cuenta a los vecinos para que quedaran enterados y cumplieran la orden, y no pudieran alegar en su descargo desconocimiento del acuerdo.
En 1892 fueron prohibidas las parrandas. A principios de ese año, desde la presidencia del Ayuntamiento se manifestaba que eran frecuentes las quejas que hasta ella llegaban de varios vecinos del pueblo molestos por las parrandas, a des­ hora de la noche, que se celebraban. El alcalde, D. José María Toribio Armas, lo ponía a la consideración del cuerpo municipal para que fuera éste quien tomara las medidas convenientes. El acuerdo que se tomó fue que el presidente publicara un Edicto en el cual prohibiera las parrandas, sobre todo a ciertas horas de la noche, cuando más molestaban, bajo pena de una multa., efectiva desde el momento en el que a alguien se le encontrara de parranda.

Categorías: Reseñas históricas | Deja un comentario

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