Montaña Blanca, Montaña Mina, Tinache y Guigua.

Por Agustín Cabrera Perdomo

 

¡Que suerte tienes Montaña Blanca!: Una tribu de aguerridos ciudadanos ha luchado incansable por mantener tu orgullosa cima incólume, inviolable; tal cual el paso de incontables siglos, te habían traído hasta estos tiempos de progreso.
Desde tu ignota erupción hasta nuestros días, las escasas lluvias y esta temosa brisa nuestra, suavizaron tus nobles contornos moldeando tú – en otra época – agreste configuración.

Al unísono, un implacable sol de milenios blanqueó tus laderas para darte ese aspecto de animal prehistórico; que dormido, aguarda pacientemente un terrible – aunque improbable,- despertar.
Recuerdo hace años, cuando con la intención de instalar la primera antena emisora de la señal de TVE, truncaron alevosamente la cima de tu vecina y hermana Montaña de Mina. Se escuchó entonces, la voz de don Facundo Perdomo, ilustre cronista de San Bartolomé de Lanzarote, quien solo y desamparado, lamentaba aquella horrible decapitación orográfica. Lo hizo don Facundo a través de un articulo que quiero recordar, rezumaba nostalgia y cariño hacia aquella su montaña, testigo que había sido de juegos y aventuras de la infancia y juventud de su generación.
Con el tiempo y el silencio cómplice de todos nosotros, que queríamos ver la tele como en el resto de las Españas liberadas, la meseta habilitada en el pináculo de Mina, se fue ensanchando para acoger más antenas, más casetas, y más cables y artilugios electrónicos. Total, para que aún, la imagen de la 2 en estos inicios del siglo XXI, siga viéndose tan mal como siempre.
Por si fuera poca la barbarie cometida en su cima, a la ladera Sur de ese viejo cono, le crecieron “a traición” cinco enormes aerogeneradores a los que no recuerdo que les salieran al paso – como adustos Quijotes encamellados – ninguna fundacional voz ni alguna que otra plataforma contestataria que se opusiera entonces, a eso que está tan de moda en estos tiempos y que se denomina: “ Impacto Visual Medioambiental.”
En Tinajo, mi pueblo de adopción, con la más arraigada tradición “volcanicída,” de toda la Isla, por otra parte, tradición más que justificada, ya que su relativo resurgir económico se debió principalmente, al aprovechamiento de las arenas extraídas de las montañas del entorno, y que con paciente labor, sus habitantes extendieron sobre los yermos campos en los que, a poco que cayeran unas gotas de lluvia se garantizaban las cosechas que beneficiaban a los labradores del hasta entonces ganadero y paupérrimo pueblo, patria que fuera de doña Ana Viciosa, existen entre otras maravillas, dos montañas: Tinache y Guigua ultrajadas ambas con saña por la instalación en sus cimas de antenas reemisoras de señales de TV, y que en su momento fueron totalmente olvidadas y desairadas, por los hoy aguerridos defensores de su “albina” hermana de la Vuelta Abajo.
Tomando como referencia ese inconmensurable amor desplegado hacia la futura y – si alguien no lo remedia – radioeléctrica Montaña Blanca, aprecio por obvio contraste, el desamor mostrado hacia Mina y la absoluta indiferencia, olvido e indefensión hacia la “radiante” y tinajera Montaña de Tinache; un viejo y emblemático cráter que preside el ayer bizantino pueblo de Tinajo de don Agustín Espinosa y que hoy: luce en su cima más pequeña tres enormes antenas emisoras de las señales de la caja de los Marcianos y Cía.
Tres cuartos de lo mismo, ocurre con su vecina y hermana menor, la Montaña de Guigua, en Tajaste, la cual despliega avergonzada en lo más alto, una enorme peineta de hierros grises en desigual competencia visual con la noble Cruz del Milenio a la cual mi amigo José Luis Guerra, vecino del lugar,- y como en desagravio,- se encarga de ornamentar con flores en los primeros días del mes de Mayo de cada años que pasan.
La futura instalación del polémico RADAR en la cima de Montaña Blanca, ha sido merecedora de páginas y páginas en la prensa local, de la provincial y creo que hasta la prensa internacional se ha ocupado de esa polémica y futura instalación radioeléctrica.
También abanderadas manifestaciones, insalubres acampadas en lo más céntrico de Arrecife. Resmas de folios repletos de firmas inconformistas y un largo etcétera de acontecimientos diversos, jalonan este periodo de tiempo que ha durado la incruenta batallita del radar si, radar no.
Sin embargo, las humildes y olvidadas montañas del Municipio de Tinajo, por alguna incomprensible razón, pasaron desapercibidas cuando sus cimas fueron alevosamente laceradas.
Las razones por las cuales estas dos viejas montañas tinajeras, no han despertado similares pasiones ecólogo – amorosas entre los defensores de las piedras del campo y los callaos de la marea, son – en mi modesta opinión- dos: La primera y la más de acuerdo con la realidad, creo que haya sido, la ausencia en sus cercanías de una caja de resonancia de las proporciones de un Aeropuerto Internacional con miles de operaciones al año. La segunda, -algo más peregrina,- puede que sea la de que no crezcan por aquellos terrenos de los alrededores de Guigua, ni unas tristes matas de Yesquera Roja, o habite por estos predios de Tinache, alguna que otra colonia de Musaraña Patizamba, a la que quizás habría que salvar en el futuro de nocivas y cancerigenas radiaciones.
Esta clara discriminación en las querencias, estos desaires amorosos en asuntos orogénicos y ecológicos por parte de los luchadores de las utopías del momento y la inconsciente realidad de la que hicieron gala en su día los responsables y ejecutores de aquellas instalaciones montañeras, condenan a los habitantes de Tinajo, a la visión lacerante de contemplar de por vida las cimas de dos de nuestras montañas más familiares, ensartadas ambas por estos gigantescos y por otra parte imprescindibles aguijones metálicos.
– ¿Y tu donde estabas entonces? – Se preguntará el lector con razón
– ¿Yo? pues… . –
– Como casi todo quisqui: intentando ver el fúrbol por la tele. ( Errare humanum est) –

Categorías: Leyendas | Deja un comentario

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