Pregón de San Roque (Tinajo) 2001

POR ANTONIO FERNÁNDEZ PARRILLA

Antonio fernandez-tinajo

La fiesta siempre es una dimensión gozosa de la vida.
A ese gozo quisiera contribuir en la medida de lo posible con este Pregón, en el deseo, además, de que sirva para mantener la memoria histórica de nuestro pueblo y así no perder la conciencia de una colectividad, que hunde sus raíces en un pasado que le configura, vive y celebra su presente y se proyecta hacia el porvenir.
El futuro, que no es algo predeterminado, podemos y debemos anticiparlo y prepararlo. El tiempo es don y regalo que se nos da, si lo usamos bien iremos creando las condiciones necesarias, para que los que vengan sepan mantener unas señas de identidad, heredadas de nuestros antepasados y recreadas en el día a día de nuestra gente.


Pertenezco a una generación que le ha tocado ser testigo excepcional de todo lo bueno y malo que produjo el siglo XX. Además de las secuelas de una guerra civil y su dictadura, con una guerra mundial por medio, vivir el paso del tenique de leña a vitrocerámica, de la lámpara de petróleo y la patilla en un vaso de aceite a la energía solar, del balde para guindar en el aljibe al agua corriente y el jacuzzi, del burro como medio cotidiano de transporte al avión a reacción y supersónico, de la cataplasma y lavados de estómago con aceite de ricino a los transplantes de órganos. Por cierto, todavía no sé de qué nos lavaban, pues debíamos tener nuestros estómagos más limpios que un callao de La Santa.
Soy consciente que escribo para una mayoría de la población que disfruta de todos estos logros como lo más natural del mundo y que viven en un pueblo, que nada tiene que ver con el Tinajo que yo conocí de niño. Los caminos entonces eran de tierra y el “tráfico”, sobre todo durante la cosecha, lo componían burros y camellos cargados de garbanzos, tabaco o cebada. ¿Para cuándo el monumento a estos dos bichos, que tanto contribuyeron a la riqueza de este pueblo en particular y de Lanzarote en general? Junto a los camiones de Jiménez, Eligio, Pepe Cabrera, Ernesto o Antonio Rijo, entre otros. Cargados de arena de los Rodeos, se dirigían a los cercados bien dispuestos, para recibir su manto negro, que luego se transformarían en fértiles campos, que aún embellecen nuestro pueblo, si es que han escapado del cemento. La plaza, junto a la iglesia, también era de tierra, pero am¬plia y acogedora. A un lado, durante el recreo, en época de escuela, los chiquillos jugábamos al boliche y al trompo, mientras al otro lado, las niñas en corro jugaban al Matarilerilerón.
Pero, más allá y por encima de estas circunstancias hay algo que nos une e identifica a los que vivimos y somos de Tinajo. Todos tenemos nuestras pupilas ilumi¬nadas por un sol radiante, que despierta todos los días tras el risco de Famara y se hunde allá por el mar, en una sinfonía de colores, en los más bellos atardeceres. Todos conservamos grabado en nuestro subconsciente ese olor a tierra mojada, después de caer las primeras lluvias y la imagen siempre nueva del verdor de nues-tros campos. Parte de nuestro ser nos viene dado por la costa y su mar, y ese olor a seba de La Santa, La Laja o Tenésar. No digamos del viento, bien en forma de brisa suave, que con frecuencia se convierte en brisote o los temporales del Sur con los sofocos del aire caliente, si el tiempo rolaba al Este. Noches de lluvia y viento que se cuela por las rendijas de puertas y ventanas, noches largas y oscuras, cómo nos embruja y nos marca. Estos elementos sí que nos identifican, nos determinan y nos igualan.
De este modo se ha ido configurando, en un cúmulo de circunstancias, una forma de ser, un pueblo. ¿Será mucho pedir a los que están llegando de fuera, que, por encima de todo, respeten las tradiciones y valores de este pueblo, que se siente orgulloso de ser como es y se esfuerza en mantener su identidad?
Las fiestas, nuestra fiesta, es una buena oportunidad para encontrarnos y conocernos más y mejor. No se trata sólo del jolgorio superficial y el sinsentido de una diversión. Las fiestas no nacen del vacío, expresan una abundancia. Por ello, todo grupo debe proporcionar a sus miembros posibilidades de encuentro, distintos de los ordinarios, donde sea fácil el desahogo festivo y que si Eva también de:
– Elemento identificador.
– Toma de conciencia de una historia.
– Aprender a descansar comunitariamente.
– Saber distraerse y serenarse en común.
– Experimentar la alegría de vivir.
Ojalá, entre todos, seamos capaces de hacer unas fiestas que faciliten todo esto…

Desde aquí, felicitar a todo el pueblo de Tinajo y a su Corporación. También, a la comunidad cristiana y a su Párroco, no en vano celebramos al santo Patrón San Roque. Desde el respeto a la pluralidad de ideas y teniendo claro la autonomía de lo temporal respecto de lo religioso, desde una sana colaboración, entre todos seremos capaces de generar nuevas alternativas de vida con posibilidades de futuro.
A todos.

¡Felices fiestas!

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