Pregón de San Roque (Tinajo) 2014

POR EL RANCHO DE PASCUAS “ARCHINECH” DE TINAJO

Tinajo-Rancho de Pascua Archinech

Señor alcalde y concejales del Ayuntamiento de Tinajo, dignísimas autoridades, amigas y amigos, buenas noches.

Vértigo fue lo primero que sentimos cuando nuestro buen amigo el concejal de Fiestas, Antonio Morales, tuvo a bien invitarnos a pregonar las Fiestas de San Roque de este año.
No lo vimos claro y dudamos, pero, a pesar de todo, el concejal no se echó para atrás e insistió. Cuando se nos pasó el susto inicial, nos dimos cuenta de que Antonio Morales nos estaba proponiendo un alto honor, como es que nuestro Rancho lea el Pregón de las Fiestas del pueblo.


No nos quedaba otra que aceptar, así que aceptamos. Muchas gracias, Antonio.
No somos tantos en el Rancho de Pascua Archinech, pero para cada uno de nosotros es motivo de orgullo compartir la lectura del Pregón. Es el Pregón de todos nosotros, pero también queremos que sea el Pregón de todos ustedes, de cada vecina y vecino de este pueblo.

I

Con su permiso, quisiéramos pregonar en primer lugar el sentido mismo de lo que hacemos, el Rancho de Pascuas, pues los Ranchos constituyen una manifestación musical de corte religioso que ha jugado un papel primordial en la historia de Tinajo y de Canarias.
En nuestro municipio llegó a haber siete grupos reconocidos, pero a comienzos de la década de los 60 del siglo pasado se extinguió el último Rancho de Tinajo, el de Tajaste o de “los Quinteros”.
Ya quedan pocos en Canarias de los muchísimos que hubo.
Inicialmente eran de Ranchos de Ánimas que en la época de Navidad se constituían en Ranchos de Pascuas, cantándole al Niño Dios y teniendo un carácter más festivo. Por eso, con el correr del tiempo, algunos Ranchos se transformaron en Ranchos de Pascuas. De ahí su nombre.
Esta tradición se recuperó en Tinajo a finales de 1973, con el regreso de Domingo Callero Bonilla, y unos años después algunos antiguos componentes decidieron formar una parranda a la que llamaron ‘Archinech’.
Fue posiblemente a comienzos de los años 80 cuando organizaron el nuevo Rancho de Pascuas, llamándolo también ‘Archinech’, coordinado por un antiguo miembro del Rancho de Tajaste, Higinio Pérez Cabrera.
Hoy sumamos 24 componentes, en verdad un rancho de gente, y utilizamos diversos instrumentos musicales, mezclando antiguos elementos de percusión (como espadas, panderos, sonajas, castañetas…) con los más modernos de cuerda (como bandurrias, laúdes, guitarras y timples).
Normalmente ensayamos para salir en la Navidad, comenzando la faena por el mes de octubre y finalizando en enero.
Hoy nos corresponde mantener viva una valiosa tradición, pero no olvidamos a rancheros destacados por su constancia y por su lucha por la conservación de nuestras tradiciones, entre ellos a Antonio Pérez Curbelo, Antonio Tejera Cabrera, Domingo Callero Bonilla, Servando Callero Bonilla, Plácido Cabrera Perdomo, Agapito Morales Cabrera, Julián Morales Cabrera, Higinio Pérez Cabrera, José Cabrera Cabrera y tantos otros.
A todos ellos, vaya nuestro reconocimiento, ya que han sabido rescatar y transmitir una parte muy valiosa de la tradición oral y el saber popular en la isla.
Y no es que lo digamos nosotros.
El paisano Benito Cabrera, una de las grandes autoridades de la música tradicional en Canarias, además de un gran virtuoso del timple, ha dicho:
“Los Ranchos de Pascua se mueven entre una cierta pose de respeto patrimonial y una escasa valoración real como hecho artístico y folklórico.
Sus cantos en forma de letanía y el carácter modal de sus melodías, se alejan bastante de los gustos cada vez más latinizantes y las tonadas de fácil recuerdo. Pero merece la pena hacer el esfuerzo de intentar entender y valorar una de las manifestaciones folklóricas más antiguas de Canarias.”
Una gran autoridad de la lírica tradicional, el catedrático de Filología Española Maximiano Trapero, sostiene que en Canarias hay una poesía popular muy brillante y desconocida, y que los Ranchos de Ánimas y de Pascua son “dos casos muy antiguos y muy interesantes desde el punto de vista poético y musical”.
Afirma Trapero que Los Ranchos de Pascua de Lanzarote son “una de las reliquias más venerables de la cultura tradicional de las islas y una de las muestras folklóricas más interesantes de España”.
Califica a los Ranchos de “reliquia bella, arcaica y enigmática, cuyos estribillos se repiten monótonos y misteriosos a lo largo de cada canto”.
Los Ranchos impresionan porque su música y su rito “nos parecen testimonio de un principio. No hay nada en la celebración de la Navidad española que se le parezca”, concluye Trapero.
Por lo tanto, los Ranchos son una parte muy valiosa del patrimonio cultural de Canarias, muchos vinculados primero a las ánimas y más tarde a la Pascua.
Quizá alguien no sepa que a los Ranchos de Ánimas y de Pascuas de Canarias les fue concedida la Medalla de Oro de Canarias en 2006.
Al otorgarse la distinción, se dijo que los Ranchos son agrupaciones musicales que, en el día de los difuntos, y, más tarde, por las fiestas de Pascua, tocaban de puerta en puerta y actuaban en las iglesias, siempre con el fin de recaudar fondos para las ánimas
La sencillez primitiva de los instrumentos musicales, la devoción y el recogimiento con los que se escuchaban los cantos de los Ranchos de Ánimas para sufragios de los difuntos o de los entierros de los pobres de solemnidad, continuaron por la Pascua, dada la cercanía de esta fecha.
Fueron creados a partir del siglo XVI y han jugado un papel fundamental en la lírica y la tradición musical y religiosa de Canarias.
La música de los Ranchos es monótona, repetitiva, ingenua, con sones de sabor castellano antiguo y con una influencia árabe que se deja ver en sus instrumentos más tradicionales: el pandero y las espadas. Después se fueron añadiendo triángulos, castañetas, sonajas, violines, bandurrias, laúdes, guitarras y timples.
Nos llena de orgullo ser portadores de un tesoro cultural tan antiguo y tan valioso.

II

Desde que acaban las pascuas
Se está pensando en San Roque
Al cochino del corral
Se le engorda poco a poco.

Es agosto huele a fiesta
Se preparan las morcillas
Se quema con una aulaga
Se afeita con la cuchilla.

Se va salando por cachos
Y metiendo en la barrica
Se derrite la manteca
Y se guarda a la sombrita.

Ya está caldeado el horno
El amasijo acabado
Se aprovecha el calor
Para meter mantecados.

El puchero en la caldera
Hecho del gallo “jabao”
El morcillo del cogote
Con dos hilitos “amarrao”.

De verduras las que haya
Las piñas y las batatas
El caldito viene bien
Al acabar la parranda.

Con vino al que le quede
Que la vendimia está cerca
La parra viene cargada
El aguapata refresca.

Con una cadena gorda
La barrica hay que lavar
Duraznero con hinojo
Eso no puede faltar.

Los erizos con el gofio
La fritura en la sartén
El belete con canela
Las pasas de moscatel.

La música está sonando
Para el baile del candil
Vengan todos que ya empieza
Las puertas se van a abrir.

Servando toca el timple
Fefo Quintero guitarra
Pepe Pérez castañetas
Antonio Pérez cantaba.

Tiene que acabar temprano
Que mañana hay procesión
San Roque con su perrito
En Santo con devoción.

Ya esperamos en la plaza
Mirando el reloj de sol
Hoy abre a puerta grande
El cura lo anunció.

Las costumbres son cultura
Y es nuestra obligación
Pasarlas a nuestros hijos
Que sigan la tradición.

III

Desde este lugar tan antiguo que hemos legado de nuestros mayores, los Ranchos de Pascuas, recordamos que las fiestas de San Roque se esperaban con mucha ilusión, aunque en los años 50 las únicas fiestas grandes que existían en la isla eran San Marcial, Las Nieves y Los Dolores.
Los mayores recuerdan que en las fiestas de San Roque prácticamente lo único que se celebraba eran bailes. Los primeros bailes se llevaron a cabo en la antigua Sociedad, en la actual ferretería de Tinajo, con acompañamiento de timples y guitarras, y la orquesta Lira de La Villa. Más tarde se organizaban en la Sociedad Círculo de Amistad 7 de Julio, y, de último, en la plaza de San Roque.
Para las fiestas lo único que se montaban eran ventorrillos de palma y lo que se vendía era vino y, tal vez, había alguna botella de licor. Dependiendo del cura de la época, si se celebraban bailes no se sacaba el Santo en procesión, y, a veces, al Santo se le ponía incluso mirando para la pared.
Cuando se llevaba a cabo la procesión, normalmente el Santo se sacaba por la puerta que está en el costado que da al este de la iglesia. Antiguamente, el recorrido de la procesión se hacía por la calle principal hasta las Peñas de San Roque, consideradas un lugar de culto por la gente del pueblo. Finalizado el recorrido, se paseaba alrededor de la plaza y se llevaba de vuelta a la Iglesia.
La vestimenta de los feligreses era muy sobria. La mujer solía llevar mantilla y el hombre iba tocado de sombrero, y al entrar en la iglesia se descubría.
Había gente que si sacaba el Santo de la iglesia, al regreso también quería entrarlo, ya que antes se vivía la fiesta con mucha devoción.
Era muy normal que las familias cuidaran un gallo para hacer el puchero e invitar a la familia cuando llegara el día grande de la fiesta.
Con el paso de los años, conmemoramos a San Roque cada 16 de agosto, mientras el puerto se apresta a vivir sus fiestas grandes de San Ginés. Entre santos franceses anda la cosa.
El Santo y su inseparable perrito habitan en la Iglesia de San Roque, construida como ermita en la segunda mitad del siglo XVII, hasta que en el año 1796 se crea la Parroquia de Tinajo, bajo la advocación de San Roque.
Este edificio religioso desigual aunque entrañable, refleja la diversidad cultural acumulada por Tinajo durante el paso de los siglos, y, como saben, está coronado en la parte exterior por una de las joyas científicas y patrimoniales más valiosas de Canarias: el reloj solar.
Todo ello lo ha hecho merecedor de su declaración de Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento, además de albergar en su interior obras de destacados escultores canarios del siglo XVIII, como Luján Pérez y Fernando Estévez.

IV

Sí, Tinajo porta un gran pozo cultural aunque nuestra forma de vivir y de celebrar ha sido siempre sencilla, humilde, modesta…
No podía ser de otra manera en un pueblo que vivía de la agricultura, la ganadería y de lo que ofrecían las orillas del mar, y donde el mañana dependía de que cayeran cuatro gotas, sobre todo después de las erupciones de Timanfaya en el siglo XVIII, y hasta que personas como don Tomás Rodríguez demostraron que las tierras sepultadas por las cenizas volcánicas valían para la agricultura.
Pronto, los enarenados artificiales y la inestimable ayuda de camellos y burros permitieron una vida más digna en Tinajo y en Lanzarote, creando, a la vez, un valioso paisaje agrario, aunque ello no evitó que muchos hijos e hijas de este pueblo se vieran forzados a emigrar.
Nuestro pasado ha sido casi una fotografía fija hasta hace muy pocos años: agricultura de subsistencia, dependencia de los caprichos climáticos, pobreza… Una vida muy dura. Y la emigración siempre como solución y válvula de escape.
Los ciclos de la cochinilla y la barrilla, así como el cultivo del tabaco, nos permitieron coger un poco de resuello, pero la bonanza duró muy poco.
No es hasta los años 60 y 70 del siglo pasado cuando se vislumbra una nueva fuente de prosperidad, el turismo, poniendo en valor lo que tanto nos hizo sufrir en el pasado: los volcanes, el fuego, la escoria y el fruto de nuestro trabajo en forma de enarenados o bancales.
El turismo nos trajo empleo y nos olvidamos de la emigración, empezando a ser conocido Tinajo, entre otras cosas, por ser tierra de grandes cocineros y por ser la despensa agrícola de Lanzarote.

V

Hoy sabemos que lo valioso reside en lo que han hecho la naturaleza, tan destructora en otras épocas, y las manos de nuestros antepasados.
“Cada vez más se advierte la necesidad urgente de preservar el patrimonio material y espiritual de cada pueblo frente a la oleada de globalización que vive el mundo, que minimiza, subestima y minusvalora la historia acumulada por los pueblos, sus tradiciones y costumbres imponiendo patrones que nada tienen que ver con los autóctonos.”

Esta frase está recogida en la página web de nuestro Ayuntamiento. Estamos de acuerdo con ella.
Como ayer, nuestro presente y nuestro futuro están estrechamente ligados a nuestra capacidad para alimentarnos, pero también pasan por mantener los atractivos que tanto entusiasman a los turistas: de una parte, el paisaje natural creado por los volcanes y, de otra, el paisaje cultural creado por las personas. Y, junto a todo ello, lo genuino, lo verdadero, lo auténtico.
En nuestro pasado tenemos patrimonio natural y cultural de dónde tirar para afrontar el futuro.
Quedan vestigios de las Salinas del Río en La Santa, de gran valor etnográfico, así como algún horno de cal, tahonas, molinos y molinas, aljibes, taros o maretas, sin contar la ya desaparecida que se emplazaba en el actual campo de Lucha Canaria.
En particular, Tinajo conserva testimonios de una época no tan lejana de escasez de agua, cuando era más fácil que te dieran un vaso de vino que un vaso de agua, o cuando las familias se prestaban el agua del sancocho.
A los más jóvenes les sonará a broma, pero los mayores, seguro que recuerdan que aquí se pasó mucha sed.
Patrimonio es también la herencia artesana como la dejada por doña Dorotea Armas. O constatar que esta tierra ha dado grandes hijos, como don Francisco Fernández de Bethencourt, natural de La Vegueta, genealogista de fama mundial, quien ingresó en la Real Academia Española de la Lengua, y también fue académico de la Historia. O que esta tierra ha acogido como propios a grandes personas, como don Jacinto Alonso Martín, dentista amañado y una de las figuras más importantes de la fotografía en la primera mitad del siglo XX en Lanzarote. O el quehacer del recientemente fallecido Juan Lemes, quien aprendió del maestro Simón Morales el arte de la construcción del timple conejero, y a quien se debe la molina, la tahona y los aperos de labranza del Museo Agrícola El Patio, en Tiagua.
Junto a todo ello, el municipio contiene parte del Parque Nacional de Timanfaya y del Paisaje Protegido de La Geria, además de la Cueva de los Naturalistas y del Parque Natural de Los Volcanes.
Pero, sobre todo, Tinajo conserva un valioso paisaje agrario, como las terrazas agrícolas de la Caldera de Guiguán, que, puesto en valor debidamente junto a aquellos elementos patrimoniales, ofrece oportunidades al municipio en ámbitos como el senderismo turístico, la gastronomía, etc. y que deben ser debidamente estimulados desde el Cabido Insular y el Gobierno de Canarias como contrapartida porque el municipio renunció expresamente al desarrollo turístico, con la excepción de La Santa. Ese fue el pacto alcanzado en la isla en el año 1991.
Tanta riqueza es salpicada por la arquitectura popular y la vivienda rural, la memoria colectiva de la cultura tradicional del campo lanzaroteño, de la que todos somos deudos, recordando sin desmayo la extraordinaria importancia que tiene el paisaje agrario entre los atractivos de la isla y para el buen futuro del turismo.
Estamos convencidos de que la pérdida del campo isleño debe revertirse porque es imprescindible mantener la agricultura, a pesar de su declive. Aunque sólo fuera porque muchos aspectos culturales, paisajísticos y ecológicos actuales sólo pueden ser explicados desde la importancia que la agricultura tuvo en el pasado reciente. Pero, también, porque el escenario de cambio global, de crisis climática y de crisis energética aconsejan disponer de un sector primario capaz de abastecer, en la mayor medida posible, el mercado interno y reduciendo, cuanto más mejor, la dependencia casi total del exterior que se da en la actualidad.
La naturaleza y los hombres y mujeres han realizado una gran obra en Tinajo, una obra en la que se encuentran nuestras fortalezas, no nuestras amenazas. En esa gran obra colectiva se encuentra nuestro potencial de futuro y nuestra esperanza, no nuestros problemas o nuestros miedos.

VI

No sabemos si la palabra Tinajo es una voz de origen guanche, o procede del castellano. Lo único cierto es que sentimos y valoramos nuestras costumbres y tradiciones más arraigadas, a pesar de que la llamada globalización cultural, o, sencillamente, el desamor y la falta de interés por parte de sectores de la población, están dañando la práctica y el resguardo de nuestro patrimonio espiritual y material más ancestral.
Porque no nos cansamos de repetir que Tinajo atesora un valioso patrimonio natural y cultural, material y espiritual.
Creemos que va siendo hora de sentirnos orgullosos de todo ello, de sacarlo a la luz, de rehabilitarlo y ponerlo en valor en todos los rincones del municipio. Porque recuerda el quehacer de quienes estuvieron aquí antes que nosotros y porque nos permite albergar esperanzas sobre el futuro de nuestros hijos en esta misma tierra.
Y creemos que todo ese patrimonio debe estar cruzado por el hilo de un Museo Etnográfico de ámbito insular, un museo vivo que recoja y, sobre todo, que estudie las costumbres y tradiciones de este pueblo y de todo Lanzarote.
Creemos en un Tinajo de valiosos paisajes, agrícolas y costeros, que sea reconocido por cuidar y ensalzar su patrimonio cultural, y que esa sea la base que atraiga a los turistas que ya vienen a Lanzarote para que, además, disfruten con nuestra cocina, nuestros senderos, nuestros productos artesanos, nuestra cultura, etc.
Dicho de otra manera, sería apostar y ser fieles a lo que propone el escudo heráldico del municipio: chimeneas bizantinas, camello y palmera, ermita y paisaje volcánico.
Creemos que es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos, espiritual y materialmente, porque creemos en la fuerza y en el ingenio de los hijos e hijas de este pueblo para afrontar situaciones adversas, que es lo que hemos aprendido de nuestros padres y de nuestros abuelos.
Es bueno recordarlo en estos tiempos tan difíciles para tantas familias.
¡Felices fiestas de San Roque y muchas gracias!

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