Pregón de Mancha Blanca 1989

POR  SEBASTIANA PERERA BRITO

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 Dolores, de mujer a mujer:

Eres la primera en saber que no es común que un pregón lo lea una pregonera. Hasta en eso lo tenemos difícil las mujeres en ésta vida, como dificultades padeciste tu misma también.

Quiero ser una mujer atrevida en éste momento y olvidar las dificultades diarias de mujer, Dolores, para, de mujer a mujer, decirte unas palabras en tu honor y en el de la festividad que celebramos los lanzaroteños y lanzaroteñas de bien.

De mujer a mujer, Dolores, quiero hablar de tradición y de devoción, deseo hablar de fervor y. de alegría desbordada, tengo que hablarte del pueblo temeroso que siempre recurre a ti en los momentos difíciles y que celebra contento que escuches, siempre, y que atiendas, siempre, sus plegarias de silencio.

Que de volcanes no deseo hablar, Dolores, que nada puedes oír de mí que no sepas ya, que no vas a escuchar nada nuevo de historia y leyendas. Las fechas y los datos, como el volcán quieto, postrado ante ti, sobran, están de más.

Permíteme, mujer, que me sume a tu llanto para reclamar la dignidad de éste espacio que te acoge, ésta singular ermita de Mancha Blanca, para reclamar la pureza, también en la celebración festiva y ruidosa, de tu santuario: que no se enfrente la tradición y la devoción. Como mujer deseo que se mantenga la intimidad de la ermita para estar ante ti como ante ti se debe estar, alejada del estruendo.

Pero reclamo también el estruendo para la celebración gozosa, aunque intimidad en su sitio y celebración en el suyo. Es a la vez momento de silencio y de ruidos ésta Fiesta tuya, mujer, es a la vez momento de devoción y de tradición. Porque las costumbres pasan y se pierden, se olvidan las tradiciones y se esfuma la gente buena y sencilla.

Nos perdemos en el mar de los ruidos y con facilidad olvidamos que estás ahí, quieta, dolorosamente callada, viendo pasar ante ti la colusión, la desesperante pérdida de la memoria: aquella que nos indica quién eres tú padre nosotros.

Dolor también el mío al ver pasar ante ti cada vez más gente bulliciosa, pero sin detenerse ante ti un instante, el minuto mágico, como antes hacíamos todos. Rumor de volcán, otra vez el volcán disfrazado de andadura hacia ninguna parte, arrasador, el que se viene precipitando hacia ti, hacia todos nosotros, en los últimos años. Es la marabunta Dolores, la insaciable necesidad de llenar con multitudes el vacío que nos envuelve.

Cada vez más gente a tu alrededor y tú cada vez más sola, aunque con la eterna e incondicional compañía del las mujeres, eso que muchos califican de murmullo que surge de tu ermita cuando nada conocen, nada saben. Quiero, por eso, que eso que llaman susurro que brota de tu santuario se eleve bien fuerte en el aire de Mancha Blanca y que el viento lo arrastre por toda la Isla de Lanzarote, de la que eres Patrona, convertido ahora en Pregón de mujer.

Te hablo alto ahora, de mujer a mujer, que éstas palabras puedan al murmullo exterior e incomprensible que se quiere imponer a nosotras en forma de ruido, mujeres y madres todas, esposas, veladoras al fin, porque así lo has querido, de todas las gentes de Lanzarote, disculpan¬do siempre el olvido que te imponen pero refrescando a cada paso, a diario, la memoria a quienes los tiempos les invita a la más dura y primaria de las evasiones, alejados de vida interior, olvidados de que portan un alma.

Alma de esta tierra la que te ofrecemos en tu Día; alma de la buena, la noble y solidaria, la que pretendemos rescatar en tu Fiesta para que así, quizá, aprendamos todos a conocerte un poco mejor y a reconocernos nosotros mismos. No podemos seguir permitiendo venir a Mancha Blanca para darte la espalda, para damos la espalda a nosotros mismos. Devoción y tradición. Una y otra cosa, al fin, obligadas a entenderse bajo tu inspiración, han de indicamos el camino correcto, una senda que seguro que no es ésta por la por la que venimos andando últimamente, alejada de ti, Señora de Los Volcanes. Alejada de ti, para llorar sangre. No es ese el camino, pues habrá de llegar cuando, como antes, nos acojas con tu sonrisa cuando vengamos a visitarte para charlar contigo de los asuntos que no se ven en este rincón de tu casa que llamamos Mancha Blanca. Eso que llaman susurro que brota de la ermita, la frase que has de perdonar eternamente.

Ayúdanos Señora a entender algo tan sencillo como que es más lo que nos une que lo que nos separa, que el futuro en esta Isla nuestra sólo es posible desde el entendimiento, nunca desde el oscuro sentimiento, nunca desde el rencor. Hoy, más que nunca, tu mano clara y prudente debe indicamos cuál es el camino a seguir: el de la generosidad, el de la solidaridad y la comprensión.

Brevemente, Dolores, de mujer a mujer, no nos aflijas más con tu llanto. Ven, baja y sal de ésta tu casa, mézclate entre nuestras plegarias no compartidas y, de una vez, detén ante ti la odiosa marabunta del volcán, disfrazado hoy de individualismo, de odios desatados, de egoísmo y ambiciones desbocadas.

Porque sólo en tu mano está, sólo de ti ha de venir la palabra que nos indique cuál es la vereda correcta para, de tu mano, disfrutar sanamente del recogimiento y de la Fiesta en tu Honor.

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