Pregón de Mancha Blanca 2003

POR  FRANCISCO HERNÁNDEZ DELGADO

PACO

 La devoción Mariana de los lanzaroteño, se inicia apenas terminada la conquista. Por estudio sobre la bula de Martín V, fechada en Roma el 20 de noviembre de 1424, se deduce la existencia de algunas ermitas en Lanzarote bajo el título de Santa María.

Esa incipiente semilla mariana, floreció en Lanzarote cuando Diego de Herrera, trajo a la isla en 1452 la imagen de Santa María y fue depositada en la Parroquia Matriz con el título de Santa María de Teguise.

Cuando el lanzaroteño se ha visto en peligro, cuando ha sentido sobre sus carnes la falta de lluvia, el azote de las plagas, las enfermedades o las terribles erupciones volcánicas ha acudido en ayuda de la Virgen Madre, clamando al cielo a través de las rogatorias y las plegarias.

Rogativas y plegarias que dieron origen a las romerías. Las primeras referencias que hemos localizado en nuestra isla sobre romerías son, la de 1578 de los documentos de la inquisición, en ellos se recorre la declaración de Ana Perdomo vecina de Teguise, que dice haber ido en romería con sus hijas hace ya algunos años a la ermita de la Virgen de Las Nieves.

En el segundo documento registrado después de la invasión pirática de 1618, se recoge la solicitud para decir nueve misas a la Señora con su precioso hijo, para que nos socorra por la falta de lluvias.

En 1634 los vecinos de Lanzarote inician las primeras romerías que tienen como protagonista a la Virgen del Socorro, que era llevada hasta Teguise, en donde salía en procesión con el Santo Cristo.

Las plegarias y romerías también incluyen al Convento de San Francisco, como por ejemplo la de 1637 y la de 1640, esta última con motivo de la plaga de langostas.

La Virgen de Socorro fue llevada en Romería hasta Teguise, los años 1652 y 1657, para este último año, se convocó a la isla entera a participar en la romería, para evitar (se decía) la situación vivida en 1652 y por último el 13 de febrero de 1683 a instancias de Don Fernando Peraza y Don Francisco Sánchez, La Virgen del Socorro es llevada en Rogativas desde Tiagua para hacerle un novenario en la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe.
Y la Virgen, al igual que una Madre, cuando ve que sus hijos van perdiendo la fe, cuando las costumbres y tradiciones cristianas se olvidad, acude a nosotros para recordarnos nuestras promesas de cristianos.

En dos épocas distintas la tierra conejera ha escuchado la voz de Reina de los Cielos y no lo hizo en un palacio ni en una gran casona, ni de la mano del Alcalde Mayor, le habló a un pastor en 1676 en la Vega de Los Valles a Luís Alonso y le habló en la Caldera de Guiguan en 1774 a la niña Juana Rafaela.

Las noticias de la visita a Luis Alonso, las pudimos ver en el documento original de la declaración realizada por el propio Luís Alonso, documento que hasta hace unos 40 años se localizaba en el Archivo de la Parroquia de Teguise. Otro documento que aporta datos sobre esta noticia es el manuscrito de Fray Diego Henríquez de 1714, localizado en el Museo Británico. Unos 10 años después de la fecha del manuscrito, concretamente el 17 de marzo de 1775, la Virgen Nieves es proclamada Patrona de Lanzarote.

Esa devoción mariana que habían tenido los lanzaroteño con la Virgen de Guadalupe y la del Socorro, brotó nuevamente en este pueblo, que acudía cada año a la montaña, con tanta fe y tanta devoción, que no solo ponían en manos de la Virgen Madre la solución ante la falta de lluvias, sino también el remedio a sus enfermedades, y es que la imagen de Nuestra Señora, era la madre, la amiga, el refugio de la ultima esperanza de aquellos desesperados agricultores y pastores.

Hoy continuando con ese espíritu mariano, nos encontramos aquí en Dolores donde acuden miles y miles de lanzaroteño, que expresan a su forma y manera el deseo de compartir esta fiesta, fiesta que convierte el Santuario de Nuestra Señora de Dolores en la memoria viva del agradecimiento de un pueblo.

Santuario y tradición que llenan las más bellas páginas de nuestra historia, páginas que la inician letras escritas con en fuego de la lava volcánica.

La historia de la Virgen de Los Volcanes, nace en Tinajo, un municipio que ha sabido guardar y potenciar celosamente la Historia de una Promesa, que brotó del corazón de aquellos agricultores y pastores de esta zona.

La localización de varios yacimientos en Tinajo, nos descubren las zonas aborígenes de este municipio, como por ejemplo “los corrales de los mahos”, “Tambaiba”, “Las Cambuesas”, “Tenézara”, o “Los Dises”.

Gaspar de Bethencourt recibió sobre 1577 de Agustín de Herrera y Rojas la zona de Tinajo como merced, recibiendo pleno dominio sobre sus casas, entradas y huertos.

Los habitantes de esta zona eran pastores y agricultores, la mayor parte de ellos esclavos moriscos y algunos mahos, sometidos a los señores, como los pobladores de la aldea de Tinguatón, que vivieron en “jaimas”, hasta el siglo XVII.

Es muy posible que la terrible plaga de langosta que asoló la isla en 1638 y 1640, motivara años después al Beneficiado y Vicario de Lanzarote don Guillén de Bethencourt Velázquez y Luzardo para edificar en el hoy llamado Morro de San Roque en Tinajo una ermita dedicada a San Roque, abogado contra toda clase de plagas, enfermedades y epidemias.

Este beneficiado no solo construyó la ermita, sino que además la dotó con treinta y cinco reales anuales, que se obtenían de la renta de seis fanegas de tierra localizadas en la zona de Muñique.

En 1651 se une a Francisco Marruecos Perdomo, para solicitar al Cabildo General, la licencia necesaria para embarcar unas quinientas fanegas de trigo, que serían cambiadas por madera.

En 1669 es nombrado mayordomo de la ermita don Sebastián Hernández y diez años después se hace entrega al Capitán Gaspar Duarte de los bienes de la ermita de Tinajo, en el inventario de estos bienes, figura la imagen de San Roque.

En el testamento del Capitán Duarte realizado el 29 de abril de 1703 ante el escribano Juan González de Sepúlveda, figura un mandato para que se diga…SEIS MISAS REZADAS EN LA ERMITA DEL SEÑOR SAN ROQUE y para que diera cumplimiento a ese mandato dejaba una huerta plantada de viña y otros árboles frutales que tenían en la aldea de Tinajo.

En el Libro del Tabaco de Lanzarote de 1714, aparecen varios vecinos de la zona de Tinajo, figurando entre los mismos algunos de Santa Catalina.

Llega el año 1730, fecha que marca un antes y un después en la historia de Lanzarote. Sobre las erupciones volcánicas de 1730-1735, son varios los documentos publicados hasta la fecha, como las crónicas del cura de Yaiza don Andrés Lorenzo Curbelo, las cartas enviadas por las autoridades insulares a la Real Audiencia, las cartas de don Ambrosio Cayetano de Ayala, Las Sinodales de don Pedro Dávila y Cárdenas, la publicación de los señores Juan Carlos Carracedo y Eduardo Rodríguez o las notas de don Eduardo Hernández Pacheco, sin embargo los trabajos de investigación sobre el tema de don José de León Hernández, la reciente publicación de don Julio Sánchez Rodríguez, los varios documentos del Archivo de Teguise, las cartillas del Convento de San Francisco y algunas de las notas de las famosas libretas de don Tomás, matizan y aclaran algunos datos sobre la Ermita de Dolores y su tradición.

Eran las nueve y media de la noche del día primero de septiembre de 1730, cuando se abrió la tierra cerca de la aldea de Chimanfaya.

El fuego se apoderó de las casas más cercanas, inmediatamente los vecinos acuerdan recurrir a la intercesión de la Virgen de La Candelaria, de la ermita de su nombre que estaba situada por esas fechas al sur de Tisalaya, cerca de la zona conocida como La Cueva de las Palomas y eran feligreses de la misma los vecinos de Chimanfaya, Mancha Blanca y de otros pueblos cercanos. Esta ermita fue destruida por los volcanes de 1734.

Esos vecinos huyendo de las erupciones volcánicas, se establecieron en Tinajo, Tías y Teguise, mucho de ellos eran patronos y devotos de Nuestra Señora de Candelaria cuya imagen y adornos habían salvado del fuego depositándolos en el Convento de Santo Domingo.

Terminadas las erupciones volcánicas, estos devotos aprovecharon algunas de la maderas de la antigua ermita y aportando el fruto de algunos terrenos solicitan se les permita hacer una capilla en el convento de Santo Domingo de Teguise para continuar con el culto a la Santa Imagen, además de utilizar esta capilla para sus entierros. Entre los vecinos de Tías que hacen la solicitud están Gaspar Mesa y Juan Miguel, por Tinajo figuran José Fontes, María Toribio y José Aguiar y por Teguise Antonio Martín, Francisco Melián y Antonio Cabrera entre otros. El documento de autorización lo firma el Prior del Convento y algunos vecinos de Tiagua.

La devoción a la virgen de la Candelaria, estuvo muy arraigada en la zona de Tinajo durante muchos años y su fiesta ocupaba el segundo lugar en el orden de Fiestas juradas establecidas por el Cabildo General.

Otra de las ermitas destruidas por el Volcán y que estaba considerada como la más importante de la zona, era la de Santa Catalina.

Desde un primer momento las autoridades de Fuerteventura ofrecieron su ayuda al pueblo de Lanzarote, su Gobernador de Armas don Pedro Sánchez envió un pintor para que recogiera en un plano los distintos lugares afectados por el Volcán. El mapa se terminó de elaborar el 18 de noviembre de 1730 y fue enviado a Juan Francisco de la Cueva, Regente de la Audiencia y una vez que se le mostró al Cabildo Catedral se le entregó al Rey. Hoy se encuentra en el Archivo de Simancas.

Entre los meses de septiembre y noviembre de 1730, Fuerteventura ya había acogido 363 lanzaroteños que habían llevado 147 vacas, 623 cabras y ovejas y más de 1000 fanegas de trigo.

Las rogativas para interceder por estas primeras erupciones volcánicas se multiplicaban en la parroquia Matriz, conventos y ermitas de la isla.
El Cabildo Catedral aconseja que de las Parroquias y ermitas que estén amenazadas por el fuego, se retiren las imágenes y joyas y sean conducidas a la isla de Fuerteventura. Y pide se hagan rogativas en todas las Parroquias.

En enero de 1731, se autoriza la bajada de la Virgen del Pino, para que esta milagrosa imagen ponga alivio a los sufridos habitantes de Lanzarote.

En mayo de ese mismo año, el fuego de los volcanes amenazaba la iglesia de Yaiza, por lo que el teniente cura don Andrés Lorenzo Curbelo se disponía a trasladar a Femés las imágenes y todo lo de valor, pero al termina la ultima misa antes de salir para Femés, se apagaron de repente los volcanes y ceso el fuego, considerándose este hecho como un milagro de la Virgen de los Remedios.

Hasta diciembre de 1731, los volcanes continuaron con más o menos intensidad destruyendo pueblos y cosechas.

De 1732 a 1734, se vivieron algunos periodos de calma en el que el humo, la arena y el viento fueron sus principales protagonistas, así lo describe el Obispo don Pedro Manuel Dávila en su visita a Lanzarote en febrero de 1733……SÓLO SE DIVISABA UNA LUZ COMO DE UNA VELA Y NO ESTUVE MÁS TIEMPO PORQUE ME LASTIMABA EL PECHO EL POLVO DE LA ARENA…

A pesar de esa aparente calma, los volcanes continuaron arrojando lava, sobre la zona ya quemada por las primeras erupciones. Es, a finales de 1733 y especialmente en 1734, cuando la lava llega al centro de la Isla alcanzando el Jable y parte del Puerto del Arrecife.

En 1735 los ríos de lava amenazaran con llegar a Tinajo eligiendo el camino de Mancha Blanca.

El nombre de Mancha Blanca lo hemos localizado en un documento de fecha 22 de septiembre de 1670, en el mismo se dice que los vecinos de Mancha Blanca deben acudir junto con los de Tranquillo, Tao, Muñique y Candelaria a la limpieza de la mareta de Tao. Esta primitiva aldea de Mancha Blanca estaba situada entre Montañas de Ortiz y Tabaibas, también vemos el nombre de esta aldea en la carta enviada por el Cabildo de Lanzarote a la Audiencia el 17 de octubre de 1730 en la que entre otras cosas dice:

“….Como habiendo reventado un volcán la noche del primero pasado echando fuego diez y nueve días en que dejó casas, aljibes, maretas, fábricas, pajeros tierras de labradías y montuosas de los lugares de Chimanfaya, Rodeo, Mancha Blanca la Grande…”

y en otro de los documentos consultados sobre las erupciones volcánicas de 1730 que dice…

“….Corriendo un barranco de fuego al Rodeo, Mancha Blanca la Grande en tanta altura que se llevó todo lo demás de Mancha Blanca la Chiquita…”

Pero es sin lugar a dudas el documento que localiza don José de León Hernández, el que aporta los datos más interesantes sobre la relación del pueblo de Tinajo con la devoción a la Virgen de Los Dolores.

Este documento cita la reunión de los vecinos, el día primero de abril de mil setecientos treinta y cinco en la que…

“….eligen y nombran por especial Protectora y Patrona de este lugar a la Santísima Siempre Virgen María Madre de Dios y Señora Nuestra con el Venerabilísimo titulo de Los Dolores….para que libre este lugar y sus distritos de las ruinas del Volcán….harán una fiesta a la Virgen santísima con dicho título de Dolores en el viernes después de la Doninica Pasiones…”

la liturgia sobre la celebración de Los Dolores de la Virgen es de origen alemán, la instituyó en Colonia el arzobispo Teodorico, en 1423.

El decreto conciliar decía entre otras cosas….

“….establecemos y ordenamos……..que se celebre todos los años el viernes después de la dominica…..”

de Colonia se extendió a otras iglesias esta devoción. E 1727 el papa Benedicto la extendió a toda la iglesia. El hecho de que se celebre también el 15 de Septiembre, se debe a que desde 1688, los religiosos Servitas celebraban en esa fecha por concesión de Inocencio XI, la fiesta de los Dolores de la Virgen. En 1735 es cuando en España Clemente XII potencia la celebración de la Fiesta de Los Dolores en la fecha del 15 de Septiembre.

Es el mismo año en que la lava se acercaba a la montaña de Guiguan amenazando a los vecinos de Tinajo, es el momento en que se nombra a la Virgen de Dolores como mediadora. Argumentando José de León que es en ese contexto cuando se haría la procesión desde la ermita de San Roque hasta Guiguan.

El padre Franciscano que presidió la procesión era Esteban de la Guardia, que figuraba como Fray Guardián del Convento de San Francisco de Teguise en el trienio 1731-1733 y figurando como Predicador General en el trienio en que era Tomás de Castro provincial de la orden 1733-1736.

Un vecino clavó la cruz cerca de la corriente de lava, el río de fuego la rodeó y se detuvo. Los vecinos consideran que ha sido un milagro de la Virgen del cuadro y prometen levantar una ermita con el título y advocación de Nuestra Señora de Los Dolores.

Sobre el cuadro que fue llevado en la milagrosa procesión, se deduce de las notas de Don Tomás que era un cuadro pequeño que pertenecía a una familia de Tiagua. Estas notas eran conocidas por don Juan Rodríguez Alvarado.

De los corazones cristianos y devotos de la Virgen, brota la piadosa, que pasados mas de cuarenta años de la promesa de levantar una ermita, la Virgen vuelve a esta isla de la mano de una niña llamada Juana Rafaela, para decirle que recuerde a los vecinos lo que habían prometido.

De la notas de don Tomás, sabemos que la niña Juana Rafaela Umpiérrez, era hija de Juan Antonio Acosta y Rita Umpiérrez, que se casó con Agustín Umpiérrez y murió respetada por todos y llena de méritos como una santa a los 72 años el 24 de marzo de 1839. Juana Rafaela, cuando contaba unos 60 años le enseño la mancha en su espalda a Leonor Curbelo, quién transmitió la noticia a sus familiares, este hecho era conocido por algunas de las familias que estaban relacionadas con el santuario de Losa Dolores.

Los vecinos solicitan en 1779, la correspondiente autorización para levantar la ermita de Los Dolores. Hasta hoy el documento que nos aportaba los primeros datos sobre la terminación de esta ermita, era el testamento de Luís Betancort Lemes de 1791, sin embargo en los libros Cartilla del Convento de San Francisco, localizados por el Archivo de Teguise, aparece la declaración del vecino de Tinajo Domingo Miguel Peraza que pide en 1782 se le digan unas misas en la Ermita de Nuestra Señora de Los Dolores en Mancha Blanca.

En 1797 figura como mayordoma de la ermita Juliana Cabrera, año en que con motivo de gran número de devotos que continuamente acudían al santuario, se vio la necesidad de fabricar una casa para los romeros y otra para el santero, las obras se terminan en 1800, después se construyo el nicho para depositar la imagen de Nuestra Señora de Los Dolores, este nicho se encuentra oculto detrás del retablo de la capilla mayor.

En la memoria de los vecinos del Santuario, han quedado grabado los nombres de las Santeras o cuidadoras de la ermita, Adelaida, Teodora, Ángela y María Dolores Fernández.

En 1850 el obispo Buenaventura Codina decide el cierre de la ermita ante el peligro que ofrecía su estructura. La imagen y los objetos de valor fueron trasladados a la iglesia parroquial de Tinajo.

Una comisión “pro-santuario”, recorrió la isla recaudando fondos para la restauración. Las obras de restauración se llevaron a cabo entre 1854 y 1860 y la ermita se volvió a abrir al culto en 1861.

En 1988 se restauró la cúpula del presbiterio y en 1989 se efectuaron importantes reformas en esta ermita. Hay que destacar el suceso milagroso, en que la Virgen una vez más impidió un sufrimiento mayor a los vecinos de este lugar, fue el desprendimiento del cimborrio, cuando ya se había dejado completamente vacía la ermita.

Y es que la Virgen nunca ha dejado solo a este pueblo, ella sabe que en la negrura del mundo hay una isla donde miles de personas portan en su corazón una pequeña llama como resto del fuego de los volcanes, que les obliga y les impulsa a llegar cada año a su casa, manifestándose a su manera, rezando, cantando, tratando de contagiarnos a todos de esa alegría por venir, no es una promesa espontánea, es el compromiso de un pueblo que encuentra en este santuario el camino mas corto entre la Reina madre de Los Dolores y los hijos de esta tierra de fuego.

Hemos pregonado retazos de la historia de este rincón del municipio de Tinajo, rincón que forma parte del patrimonio espiritual de todos los lanzaroteños. Que sean los versos del periodista Guillermo Topham, quien ponga fin a las páginas de historia y abra el telón de estas fiestas……

“Bañada por la luz de mil amores
-entre lava y espuma de volcanes-
brotas como una flor, llena de afanes,
¡Oh, Virgen milagrosa de Dolores!

Cantos de paz y besos de ternura
se clavan como espinas en el cielo,
para llevar la gloria y el consuelo
al triste padecer de tu amargura.

Y cuando el sol levanta su mirada
llena de fuego y paz, en la alborada,
y el rumor de la arena se hace viento,
todos te cantarán cantos de amores:
las huertas, el volcán, y hasta las flores
que perfuman de luz el firmamento.

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