Pregón de Mancha Blanca 2013

POR  PAULINO RIVERO BAUTE

pAULINO

Se dice que pregonar es leer públicamente en voz alta, hacer pública una cosa o anunciar lo que se quiere ofrecer.

Permítanme que, en primer lugar, este pregonero haga público su agradecimiento. Que exprese en voz alta –que pregone- el inmenso honor que supone haber sido invitado a estar hoy aquí, como pregonero de las Fiestas de Nuestra Señora de Los Dolores.

Gracias, pues, al alcalde, Jesús Casimiro Machín. A la corporación municipal y, de corazón, a todos los vecinos.

Me siento muy honrado por compartir este momento con todos ustedes. Por tener la oportunidad de reunirme, una vez más, con las familias de Tinajo.

Un municipio que ha sabido mantener su esencia, sus raíces y sus costumbres; pero que, al mismo tiempo, ha sido capaz de avanzar creciendo y adaptándose a nuevas estructuras económicas, culturales y sociales. Un municipio que mira hacia delante sin olvidar sus raíces.

Ese binomio entre tradición y modernidad, entre pasado y futuro, caracteriza no sólo al pueblo de Tinajo. Es, también, la historia de Canarias. Una historia que narra sobre todo, la lucha y el esfuerzo de generaciones de isleños que han trabajado sin tregua por salir adelante. Un camino difícil que lo ha sido más si cabe en pequeños núcleos como Tinajo. Y se los dice alguien nacido y criado en El Sauzal.

Durante mucho tiempo, por lugares como éste apenas asomaban las oportunidades que podían aprovecharse en los municipios del Archipiélago. Por eso, permítanme que esta noche les hable desde una doble perspectiva. De una parte, la de alguien que, como es mi caso, nació y creció en un pueblo en donde el día a día era más que complicado. Y, de otra parte, desde la perspectiva que me da haber tenido la oportunidad de vivir muy de cerca muchos de los cambios que se han producido en el Archipiélago a lo largo de las últimas décadas.

Ambas experiencias, la personal y la profesional, me permiten entender el recorrido de este municipio a lo largo del tiempo. Y hacen muy fácil sentirme muy cerca de los vecinos de Tinajo, de todos ustedes. De su pasado y su presente, labrados con solidaridad y coraje.

Y es que, estoy convencido, si algo nos ha sobrado a los canarios -si algo hemos tenido en abundancia a lo largo de nuestra historia- han sido precisamente esas dos cualidades: solidaridad y coraje.

De ello da testimonio la propia existencia de este municipio de Tinajo, y las narraciones que explican el origen de las fiestas y de la iglesia construida en honor de Nuestra Señora de Los Dolores.

La dama enlutada que consiguió en 1736 detener el fuego y las lavas que amenazaban con destruir el pueblo. La misma dama que en 1774 volvió al pueblo a reclamar el cumplimiento de la promesa que le habían hecho sus habitantes. La Virgen de los Volcanes. Nuestra Señora de Los Dolores.

Esas narraciones nos recuerdan las adversidades a las que tuvieron que enfrentarse los vecinos de Tinajo, y cómo el pueblo entero se unió para tratar de enfrentar el fuego, aferrándose a sus creencias y su valor como únicas armas ante la lava y la destrucción.

Una vez más, devoción y fervor se entrecruzan para dar lugar a tradiciones y manifestaciones populares. Así ha sido siempre. Así ha sido cuando la lava y el fuego han amenazado los núcleos de población. Cuando los padres se han visto sin un trozo de pan para alimentar a sus hijos. Cuando el agricultor ha contemplado cómo sus campos se secaban por la falta de lluvia. Cuando los ganaderos se han desesperado ante la muerte de las crías hambrientas.

Así ha sido siempre. Así ha sido cuando, en esos momentos de la historia, todos los pasos se han dirigido a una ermita o a una iglesia en busca del remedio divino. Y ese fue también el origen de las Fiestas que hoy celebramos, y que cada año por estas fechas congrega a todos los habitantes de Tinajo, que siguen agradeciendo los favores recibidos.

Tinajo no ha olvidado sus orígenes, pero nunca se ha detenido. Y aunque nació como un asentamiento de pastores que buscaban terrenos para su ganado, y creció como municipio agrícola y ganadero, hoy también es un pueblo moderno. Una realidad moderna con enormes fortalezas y oportunidades, y con un desarrollo similar al del resto del Archipiélago.

No ha sido fácil. Y no lo ha sido porque Tinajo, como Lanzarote entera -como toda Canarias- ha experimentado una enorme transformación en las últimas décadas. Una transformación que ha venido de la mano del turismo y del desarrollo urbanístico que éste trajo, con sus luces y sus sombras, a muchas zonas del Archipiélago. Una transformación que ha sido posible, muy especialmente, desde que los canarios decidimos nuestro destino.

Hoy, Tinajo, a pesar de la crisis que nos ha atenazado en los últimos años, y a pesar de las enormes dificultades por las que todavía atraviesan todos los municipios del Archipiélago, sigue avanzando. Luchando por mantener su riqueza agrícola y ganadera.

Potenciando sus valores culturales. Como la artesanía, que tanta importancia ha cobrado en los últimos años. Apostando por un desarrollo medioambiental sostenible y equilibrado.

Pueblo esforzado y trabajador, Tinajo ha esculpido su paisaje a base de imaginación y coraje. Haciendo de la necesidad virtud. Arrancando a la tierra cada porción del presente y el futuro. Una fuerza de voluntad que le ha permitido superar todos los obstáculos que el clima, el paisaje, la economía o la historia le han impuesto.

Las erupciones volcánicas transformaron la geografía y la economía de Lanzarote. Provocaron la desaparición de numerosas aldeas y la creación de otros pueblos con motivo del desplazamiento humano. Rompiendo piedras, levantando paredes, plantando viñas, haciendo enarenados, en una conjunción total entre hombre y tierra el campesino lanzaroteño sacó vida de entre aquellas cenizas. Ofreciendo un paisaje que ha llegado hasta nosotros como ejemplo para las futuras generaciones.

Muchos habitantes de Tinajo conservan aún las higueras que sus antepasados plantaron en los campos arrasados por la lava. Huertos que desaparecieron bajo las rocas y el fuego del volcán, dejando a los vecinos de Tinajo sin recursos agrícolas.

Pero aquella tragedia, que pudo suponer una condena para el pueblo, no fue suficiente para sepultar el coraje de los vecinos. Escarbando en la tierra, apartando la roca volcánica, muchos vecinos plantaron higueras en aquel suelo yermo, convirtiendo aquel gesto en escritura de propiedad simbólica del terreno.Hoy, esas higueras, aún en pie, simbolizan el tesón y el pundonor de todo un pueblo, capaz de sobreponerse a la adversidad y de arrancar vida a las entrañas de una tierra muerta.

Por eso, déjenme repetirlo una vez más, es un enorme orgullo poder estar aquí. Es un honor compartir con todos ustedes la alegría de estas fiestas que, como en aquellos años en los que la lava asoló estas tierras, vivimos en un momento difícil para nuestras Islas.

Tiempos exigentes, como lo fueron aquellos. Tiempos que exigen perseverancia, coraje, valentía, responsabilidad. Y unidad. Tiempos en los que debemos estar y sentirnos más unidos que nunca. Porque, aunque los datos económicos confirman que comenzamos a ver la luz al final de la crisis, lo cierto es que aún nos queda mucho camino por delante.

Sabemos cuáles son las herramientas y estamos empleándolas. Sabemos lo que hay que hacer, y todos, sin excepción, estamos haciendo enormes esfuerzos por hacer las cosas bien.

El pueblo de Tinajo ha sabido enfrentarse a las dificultades y combatirlas. Sea la lava, la falta de recursos, la sequía o cualquier otra adversidad, nunca les ha faltado coraje para mirar de frente los problemas y, entre todos, encontrar las soluciones.

Ese espíritu -el de las mujeres y hombres de Tinajo- es el espíritu con el que los canarios de las siete islas estamos plantando cara -y empezando a ganar la batalla- a la peor crisis de las últimas décadas. Ese espíritu luchador que los vecinos de Tinajo demostraron sigue vigente en la actualidad. Y es compartido por todos los que en cada rincón del Archipiélago, trabajan para que Canarias sea tierra de oportunidades y justicia social.

Son muchos los problemas, pero de corazón les digo que hay razones para la esperanza. Somos muy conscientes de la dimensión de la crisis y de las repercusiones que está teniendo sobre las familias canarias. Y somos consecuentes con la responsabilidad que hemos asumido.

Aunando esfuerzos, con el diálogo y la voluntad de consenso como herramienta de trabajo, estamos logrando que entre piedras y lava comiencen a crecer higueras.

En esa dirección -y más allá del sentido religioso que estas fiestas tienen para tantos creyentes-, creo que éste es sin duda el mejor momento para recuperar el mensaje que transmitió la Virgen de los Dolores a los vecinos de Tinajo. Un mensaje que habla de unidad, solidaridad, esfuerzo y superación. Ayer, como hoy, ese mensaje sigue vigente.

Y si en el pasado fueron la lava y el fuego, hoy los problemas y los obstáculos son otros. Pero, de la misma manera, los afrontamos unidos. Sin dejar a nadie atrás. Seguros de que, entre todos, saldremos adelante.

Muchas gracias.

Categorías: Pregones de Mancha Blanca | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: