Visita del señor Obispo don Adolfo Pérez Muñoz

Por Agustín Cabrera Perdomo

Transcurría un mes del otoño de 1909, cuando desembarcaba por la escalinata que estaba junto a la farola del Muelle King o de Las Cebollas el señor Obispo don Adolfo Pérez Muñoz en Visita Pastoral a Lanzarote. Va precedido por el Arcipreste de la Isla don Tomás Rodríguez Romero que a su vez era párroco del pueblo de Tinajo. A la izquierda del prelado y un poco más rezagado va quien supongo podría ser el señor Alcalde de Arrecife: don Adán Miranda Naranjo o don Rafael González Hernández, me inclino más por este último por razones de calendario.

Entre el no muy numeroso público asistente, he contado unos veinte militares entre Miembros de la Guardia Civil y Cuerpo de Infantería, quienes saludando-como no podía ser de otra manera- forman un pasillo de honor al prelado al mismo tiempo que alejan de su vista las montoneras de cebollas pendientes de empaquetar. A excepción del mencionado arcipreste, no se ve ninguna sotana más, cosa de extrañar pues no era el sorchantre de la parroquia quien venía de Canaria de visitar al sacamuelas, era la máxima autoridad eclesiástica de la Diócesis. A la derecha de la imagen se adivina un grupo de mujeres empañoladas sus cabezas con negras mantillas y que parecen haber sido arrinconadas allí por los supuestos fundamentalistas de la época. El año anterior a la visita, se había iniciado la construcción del Muelle Grande y sus accesos y si observan bien la fotografía, en la carretera, en las cercanías del Castillo de San Gabriel, se ven una serie de bloques de hormigón. El Castillo aún conservaba el Patio de Armas y unas construcciones que parecen acuartelamientos o almacenes propias de las obras portuarias.
Algunos barquillos, acompañaron la llegada del obispo y según ondean las banderas estaba el tiempo del suroeste, ósea que aquel representante de la Iglesia, además de consuelo para las almas atribuladas traía posibles y esperadas lluvias para los resecos campos de la Isla. Hasta no hace mucho; bueno.. bastante tiempo, en los años cincuenta y tantos Arrecife se engalanó para recibir la visita de Monseñor Antonio Pildain y Zapiain, y la Avenida de la Marina, por el gentío parecía que se iba a celebrar el día de San Ginés. Este obispo vasco, que en sus tiempos de diputado a Cortés por la coalición Vasco-Navarra, tenía fama de liberal y fue muy sonado su discurso parlamentario en defensa de La Iglesia. Al llegar a Canarias nuestro buen obispo, sufrió una transcendental transformación para quedar obsesionado por lo pecaminoso que sería no cumplir con el Sexto Mandamiento, cosa está que llevó por el camino de la amargura a la juventud de la Isla, ya que con solo ir al baile era exponerte a ocasiones de pecado mortal.
Antonio Pildain era decididamente tradicionalista en el orden cultural, un integrista, o como el mismo se calificaba “intolerante doctrinal” pero “tolerante” para con el hombre concreto. Así por un lado se distinguió por su rigor moral en cuestiones de vestir y de «buenas costumbres» siendo famosa la pastoral que hizo leer en su diócesis a propósito de la película Gilda exhibida en 1947, cuya proyección en la diócesis fue vetada por el obispo.

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