La boca del muelle

Cuando en 1908 se inició la construcción de la carretera de Los Puentes que llevaría al nuevo muelle de Arrecife, aquel que la gente bautizó popularmente cuando estuvo terminado como el Muelle Grande pues supongo porque ya teníamos un Muelle Chico con sus escalinatas hoy enterradas y también llamado Muelle de Las Cebollas y antes creo Muelle King. Después de la construcción del Muelle de Los Mármoles se rebautizó a nuestro hoy viejo espigón como Muelle Comercial sin saber exactamente el por qué.


Como decía al inicio de este pequeño relato, cuando se empezaron a asentar las primeras piedras de la mencionada carretera, un conocido personaje que no puedo recordar su nombre y lo peor es que quien lo sabía y me lo contó, desgraciadamente nos dejó hace ya algún tiempo, recién llegado del interior de la isla y que; enterado que ya se habían iniciado las obras del tan ansiado muelle nuevo, no pudo con su condición y se plantó una ventosa mañana en El Puerto y capital de la isla. Sacudiéndose el polvo del largo camino, dejó atrás el Echadero de los Camellos e inició con paso decidido su recorrido calle Real abajo contando las traviesas de los raíles del trenecito a vapor que en sus vagonetas transportaba la piedra desde las canteras situadas bajo el molino que hoy conocemos como del Cabo Pedro. A los pocos minutos de buen andar, llegó a la luminosa y alegre Marina y entre aquel tráfago de mamposteros, canteros, peones, absentistas y ociosos caballeros con bombín y bastón que no tenían otra cosa mejor que hacer que ver día a día el lento avance de las obras, nuestro recién llegado avanzó unos cuantos pasos más y se alongó por la muralla para ver como las recias paredes de piedra labrada a una cara crecían desde el fondo marino y avanzaban paralelamente al viejo Puente de las Bolas. Nuestro hombre después de un rato observando el trabajo, se dirigió hacia un señor que por su forma de actuar pensó que podría ser el capataz o jefe de obras o acaso fuere el ingeniero director de las mismas y sorteando bloques de piedra, monturros de arena, tablones y cascotes, se dirigió a él y sin ningún preámbulo de presentación, le disparó la siguiente pregunta! Óigame usted señor !esto va de “reto” o va de “curvia”? El interrogado que era peninsular no entendió ni una palabra, miro a su alrededor por si alguien le traducía aquella misteriosa frase, vio que por respuesta sólo recibió sonrisas y alguna que otra carcajada por lo cual el supuesto el supuesto ingeniero decidió meterse en la caseta de obras, dejando al interrogador totalmente descolocado y como punto de todas las miradas del personal que seguía con las comisuras de los labios llegándoles a las orejas. Nuestro curioso e interesado compatriota en conocer de antemano la trayectoria que tomaría la carretera, hombre abrió válvula por La Marina sin darse cuenta que el trenecito que volvía de la playa del Reducto cargado de arena le pasó rozando, al mismo tiempo que hacía sonar la bocina que del susto lo metió de un salto en el bar que posteriormente se llamó En la Esquina te Espero y que más tarde llego a nosotros con el vinatero nombre de El Parral. Repuesto del susto, pidió refrescarse el gaznate y un predecesor de Mariano Perdomo, le calmo los nervios con un buen tanganazo de ron. Alguien y con razón podría pensar de lo intrascendente de aquella pregunta que el curioso ciudadano hiciese en público en los albores del año 1908, pero para Arrecife y el resto de la isla, aquel inicio de las obras de acceso al futuro espigón que partiría hacia el Oeste desde la baja de Juan Rejón, fue en aquel tiempo lo que para los habitantes de Manhattan la construcción de su famoso puente sobre el río Hudson.
Creo que las obras se demoraron durante diez o doce años pasados los cuales Arrecife contó con un puerto seguro y abrigado excepto cuando entraba una borrasca por el Sur en que quedaba con el culo al aire y a merced del temporal, provocando embarrancamientos y naufragios así como el impedimento de las operaciones del Correo que o bien se iba a intentar desembarcar el pasaje por Arrieta o se volvía para la Gran Canaria. Han pasado más de cien años y Lanzarote sigue sin tener un puerto seguro y operativo en días con tiempo de abajo o Majorero. A pesar de la pericia del equipo de Prácticos, no pueden atracar los ferrys, como tampoco los grandes cruceros cosa que no deja de ser una vergüenza macaronesica. A los responsables de tal vejación y desprecio hacia la tercera isla en importancia comercial del archipiélago que no han sido otros sino nuestros políticos y de los cuales hay muchos que van en las listas electorales de hoy y los de fuera que estos si han sabido barrer bien para su casa, léase Reina Sofía, La Esfinge, Arinaga etc. etc. Mientras los nuestros se miraban el ombligo y se dedicaban a conferenciar con directores de museos ya desaparecidos y hacer discursos sobre los beneficios de la sal común.
Como no es mi afición preferida meterme con los políticos y sus desmanes, les contaré algo sobre los bares cafés, tascas, estancos, barberías y comercios que giraban en torno a la Bocalmuelle en los tiempos en que por una u otra causa fui consumidor esporádico de algunos de ellos, quizás me falle la memoria pero tampoco es trascendental el asunto, solo son recuerdos que escribo como entretenimiento
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Continuará.

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