El municipio de Tinajo y el culto a la Virgen de los Dolores

Fuente: VI Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y Fuerteventura
Por Ana Mª Quesada Acosta

Los Dolores -3

En sus orígenes, el pueblo de Tinajo no se caracterizó precisamente por la riqueza de sus vecinos; antes al contrario, creció dedicándose éstos al pastoreo, llevando una vida presidida por la pobreza. A mediados del Seis­ cientos sus escasos cien habitantes vivían bajo el dominio de doña Ana Viciosa, viuda del gobernador de Lanzarote don Agustín de Herrera y célebre por su decidida intervención en la defensa de una parte del litoral del poniente contra las invasiones berberiscas. Su nombre aún distingue a una cueva de difícil acceso, en la que se asegura que organizó un «cuartel general» y dio protección a sus guerreros (1).

En el último cuarto del siglo citado se edifica en Tinajo, bajo la advocación de San Roque, la que sería su primera ermita, a la cual el obispo Antonio Tavira concedería el rango de parroquia el 29 de junio de 1792. A principios de la centuria pasada, coincidiendo con un tímido despertar económico, el santuario es seriamente remodelado y se adquieren nuevas imágenes de afamados escultores de la época, sumándose así a la ya existente del titular, de evidente factura popular. En tal sentido, habría que reseñar el Cristo que preside el altar mayor, atribuido al artífice grancanario José Luján Pérez, y la Virgen de Candelaria, tallada por el escultor tinerfeño Fernando Estévez en 18272 (2). A la mediación de éste se debe el cuadro de Ánimas, pintado hacia 1804 por su coterráneo Manuel Antonio de la Cruz. Merced a una recolecta vecinal, el lienzo vino, por tanto, a enriquecer el patrimonio artístico del recinto (3).

No obstante, para esas fechas los vecinos de Tinajo contaban ya con una segunda ermita, dedicada al culto de Nuestra Señora de los Dolores, pronto convertido, no solamente en el municipio, sino también en toda la isla de Lanzarote, en la devoción más popular. El repentino fervor de los lanzaroteños por esta advocación no es producto de la casualidad. En 1730, tras unos movimientos telúricos, se origina un volcán en el centro de la isla, que tendrá en los años siguientes una intensa actividad, asolando distintas poblaciones.

A principios de abril de 1736 se produce una erupción en los cráteres de Las Quemadas, descendiendo el magma sobre el caserío de Tajaste, contiguo a Tinajo (4). Coincidió que en la localidad predicaba el Padre Guardián del convento franciscano de Teguise, quien, tomando un cuadro que de dicha virgen se veneraba en la iglesia de San Roque, reúne a los vecinos y, encabezando la comitiva, se encamina hasta la montaña de Guiguán. Allí hizo prometer que se levantaría un santuario bajo su advocación, si la erupción volcánica remitía (5). Uno de los presentes clavó la cruz que todavía podemos contemplar y la lava se detuvo a su pie (6).

Tras este acontecimiento, considerado como el primer milagro de la Virgen, los lugareños olvidan la promesa contraída en aquellos momentos de apuro. Se cuenta que cuarenta años después, una señora, cubierta con negros ropajes, se dirige a la niña Juana Rafaela Acosta, pidiéndole que recordara a sus padres el compromiso de erigir el templo. Nadie la creyó y la figura femenina rea­ parece ante la pequeña, reiterándole el mensaje; según la leyenda, en esta segunda ocasión la dama deja la huella de su mano en el hombro de la niña, con el fin de que sus progenitores dieran credibilidad a sus palabras (7).

Esta intención mariana surte efecto, pues los padres, convencidos de lo que su hija dice, la acompañan hasta Teguise, centro espiritual de la isla, con el objeto de informar a las autoridades eclesiásticas. En el templo parroquial de la villa, Juana Rafaela contempla diversas imágenes, identificando a la dama enlutada con Nuestra Señora de los Dolores. Entonces, nadie pone en duda sus afirmaciones y los vecinos de Tinajo se prestan gustosamente a colaborar para la edificación de la ermita, aportando dinero, productos del país, terrenos o su propio trabajo (8).
Construido el santuario, pronto se convirtió en el centro de peregrinación más relevante de la isla, organizándose anualmente, a mediados de septiembre, durante la celebración de las fiestas en honor de la titular, unas romerías cuya fama traspasa el ámbito insular, las cuales describió íntegramente y con gracejo Isaac Viera en su libro, que recoge las costumbres canarias. Pasado el tiempo, las fiestas no han perdido ni un ápice de su poder de convocatoria; a las caravanas de camellos descritas por el cronista (9), se han sumado en la actualidad vistosas carrozas y carros amenizados por grupos folclóricos. Asimismo, hoy día estas fiestas suponen una interesante oportunidad para encuentros de tipo cultural, donde la feria de artesanía tiene gran relevancia. Los actos religiosos son también dignos de mención; en tal sentido, reseñar la escenificación, en ocasiones, de dos autos sacramentales. Uno representa la erupción del gran volcán, al que se dirige un joven para clavar la cruz; el otro rememora la aparición de la Virgen a la pastorcita (10).

——

 (1) TORRE, CLAUDIO DE LA: Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote, ed. Destino, Barcelona, 1966, pág. 488.
(2) HOZ, AGUSTÍN DE LA: Lanzarote, ed. Gobierno Civil de Las Palmas, Cabildo Insular
de Gran Canaria, Ayuntamiento de Arrecife y Cabildo Insular de Lanzarote, Madrid, 1962, pág. 160. La imagen de Nuestra Señora de la Candelaria ha sido estudiada por D. Pedro Tarquis Rodríguez, quien también atribuye a Estévez la efigie de San José que igualmente se venera en la iglesia parroquial de Tinaja. Ver TARQUIS RODRÍGUEZ, P.: «Biografía del escultor Fernando Estévez (1788-1854)», en Anuario de Estudios Atlánticos, Madrid-Las Palmas, n.” 24 (1978(, pp. 560-562.
(3) HOZ, AGUSTÍN DE LA. Op. cit., pág. 160. Acerca de dicho pintor, oriundo del Puerto
de la Cruz, y el cuadro reseñado, consultar preferentemente CALERO RUIZ, CLEMENTINA: Manuel Antonio de la Cruz, pintor portuense ( 1750-1809), ed. Aula de Publicaciones del Puerto de la Cruz, 1982.
(4) Sobre las erupciones volcánicas que asolan durante esta fecha a parte de la isla de Lanzarote, se pueden consultar diversos relatos. Ver ÁLVAREZ RIXO, JOSÉ AGUSTÍN: Historia del Puerto del Arrecife, ed. Aula de Cultura de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife, 1982, pág. 234; MONTESDEOCA, JUAN NEPOMUCENO: «Comunicado desde la isla de Lanzarote», El Guanche, periódico publicado en Santa Cruz de Tenerife, 30-3-1859; HERNANDEZ RIVERO, ANTONIO: Documentos inéditos de la historia de Lanzarote, introducción y notas de Francisco Caballero Mújica, ed. Ayuntamiento de Teguise, 1991, pp. 27-28. Una visión más científica de las erupciones volcánicas la aporta CASTILLO, PEDRO AGUSTÍN DEL: Descripción histórica y geográfica de las Islas Canarias, ed. Gabinete Literario, Las Palmas de Gran Canaria, 1948, pp. 1529-1539. Ver asimismo, BUCH, LEOPOLD DE: Descripción physique des /les Canaries, ed. Libraire Lebrault, París, 1836, y HERNÁNDEZ PACHECO, EDUARDO: En relación con las grandes erupciones volcánicas del siglo XVIII y 1824 en Lanzarote, ed. El Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria, 1960.
(5) HERNÁNDEZ RIVERO, ANTONIO. Op. cit., pág. 28. HOZ, AGUSTÍN DE LA. Op. cit., pág. 163.
(6) Ibídem. ÁLVAREZ RIXO, JOSÉ AGUSTÍN. Op. cit., pág. 234. MONTESDEOCA, JUAN NEPOMUCENO. Art. cit.
(7) HOZ, AGUSTÍN DE LA. Op. cit., pág. 163. PÉREZ SAAVEDRA, FRANCISCO: «La Virgen de los Volcanes, Nuestra Señora de los Dolores, Patrona de Lanzarote», rev. Aguayro, n.º 199, julio-octubre 1992, pág. 15. La niña Juana Rafaela Acosta nace en Tinajo en 1767, falleciendo en el mismo lugar a la edad de 72 años, es decir, 1839, según consta en un escrito anónimo, fechado en 1828, que se conserva en el archivo parroquial de Tinajo (A.P.T.) archivador «Documentos antiguos».
(8) HOZ, AGUSTÍN DE LA. Op. cit., pág. 162. Dichas apariciones, el traslado de la pastorcita a Teguise y su estancia en la misma es narrada en diversos manuscritos, los cuales, sin fechas ni firmas, se puede consultar, asimismo, en A.P.T., archivador «Documentos antiguos». Curiosamente, con respecto a la Virgen de las Nieves de Teguise existe una leyenda similar. Se cuenta que un pastorcillo cuidaba su rebaño cuando se le apareció María, indicándole que construyeran una ermita bajo su advocación. Ver RUIZ AROCENA, FELIPE: «La Virgen de las Nieves, devoción y leyenda», Diario de Las Palmas, 30-10-1970, pág. 37.
(9) VIERA, ISAAC: Costumbres Canarias, Imprenta y litografía. A.J. Benítez, Santa Cruz de Tenerife, 1916, pp. 140-141. También cada 31 de julio se celebra en Tinajo el día de la Virgen, si bien con menor trascendencia festiva. En realidad, en esa fecha se conmemora el aniversario del cese de la erupción volcánica de 1824. Ver HERNÁNDEZ RIVERO, (10) ANTONIO. Op. cit., pág. 27.
(10) ANONIMO. «Romería popular en honor a la Virgen de Los Dolores», La Voz de Lanzarote, Rev. semanal publicada en Arrecife, Especial Los Dolores, 1990, pág. 44.

 

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