El Volcán del Cuervo, el petrel desahuciado y la sal de fruta Eno

Por: Agustín Cabrera Perdomo
Fuente: Lancelot/Nº 253 – 26.10.2001

En un tiempo del que ya nadie se acuerda, vivió en las escarpadas laderas de un viejo cráter cercano a Timanfaya, un anciano cuervo. Allí, por aquellos territorios circundantes, transcurrió plácidamente su ciclo vital. Fue tan viva y notada su presencia en aquel cráter y sus inmediaciones, que pronto, se le empezó a conocer como Volcán del Cuervo.

Quizás fue uno o fueron varios los autores de este topónimo. Algún cazador, algún campesino, o tal vez uno de aquellos científicos descubridores del famoso uranio y que en su futura e industrial explotación, iba a sacar a todos los habitantes de esta sufrida Isla de la ancestral miseria de otros tiempos. Al señor cuervo, como a todo quisqui, le llegó su hora y terminó palmándola en el conticinio perenne de aquellas soledades. Unos escuálidos guirres se encargaron de su velatorio, para luego, comérselo a la luz de la luna. Pero…héteme aquí que, pasados unos buenos años, un inocente Petrel, (ave palmípeda que normalmente suele anidar en los acantilados inaccesibles) despistadlo el pobre, decidió instalarse donde el cuervo sirvió de cena a los desaparecidos guirres, y continuar en aquél que parecía seguro refugio, la preservación de su especie. Ni pasarle podía al pobre petrel por su emplumada cabeza, la que se le venía encima. Unas fechas más tarde, se anuncia en todos los medios de la isla, que no son pocos, el gran concierto de clausura del Festival de Música Visual de Lanzarote, teniendo como sin par escenario, la caldera del mencionado Volcán del Cuervo. Acto seguido se movilizan los colectivos, -que tampoco son pocos,- e inmediatamente comienzan las movidas.
Unos señores que se dicen amigos de los Pajarcillos y demás especies plumíferas, con el pobre Petrelito bajo el brazo, se presentan no sé donde y ante quien, y montan el consabido numerito proteccionista, alegando que han dejado en la puta calle al Petrel de marras.
Unas fechas más tarde, o ese mismo día, se reúne urgentemente, el Gabinete de Crisis del Ayuntamiento de Tinajo, emitiendo un comunicado para declarar: que se oponen tajantemente a que en dicho Volcán, territorio de este Municipio, se celebre el programado concierto, olvidándose supongo, que en Pico Partido, -también del “sostenido” Municipio,- campan por sus respetos, cientos de turistas y recolectores de piedras, que, deambulando por el lugar crean a su paso, nuevas y serpenteantes veredas según sea su grado de curiosidad y osadía. Entre los visitantes al lugar, confieso haber estado una vez y constato el desastre a que están sometiendo dicho singular paraje.
Mis amigos de ADENA, tímidamente, ponen su granito de arena manifestando su oposición a que la sal de fruta, contrarreste la acidez estomacal de los pobres paganinis de las dos mil quinientas pesetas del ala que costaba aquel efervescente bodrio musical. Eno estaba el volcánico recinto, y semivacío se quedó por la desbandada de los que hasta allí habíamos ido pensando en éxtasis sobrenaturales. Creo, que solo las crías del sufrido Petrel, aguantaron “aquello” temblando y con los picos y los ojos abiertos de desasosiego.
Por fin cesaron aquellos costo¬sos ruidos, se apagaron los últimos focos y la oscuridad y el silencio se adueñaron de nuevo de aquellos solitarios páramos.
Según leí en algún sitio, el prestigio mundial, de dicho Festival, conlleva para esta Isla de nuestros pecados, una gran promoción a nivel internacional; ello, debido principalmente a la cantidad de periodistas de todo el mundo que en sus muy explicadas crónicas dan a conocer al mundo mundial nuestros singulares paisajes. ¡Jíncate una papa Regorito! o ¡guárdame una cría Chanita! Aquí, a quien en verdad se promociona y con la verdad de los talegos, es a estos modernos genios del cacharro y el tambor: quienes al abandonar la Isla, -me parece estarlos viendo- se palpan incrédulos el bulto de los bolsillos, y a punto están que se le reviente la vejiga por el irrefrenable y paroxístico ataque de risa que deben sufrir a nuestra costa…
Alguien, seguro, me tachará de “inorante,” por no estar al loro en eso de las vanguardias musicales; más, si se enteraran de que fui al concierto con unas gafas de las que daban antaño en los cines para ver las películas en relieve, me amarran al fondo de la caldera del volcán y me condenan a escuchar cien veces: Cuadros de una exposición de Modest Mussorgsky para que aprenda, de una vez por todas y para siempre jamás, a visualizar la música.
Me contaba un amigo, con mucha gracia, que en una oca¬sión, había pedido a un manda-más insular, que a la hora de nombrar asesores, (ese meneo vergonzoso, que sucede des¬pués de los pactos y repartos) que hiciera el favor, de tenerle en cuenta para nombrarle “más que sea” -le dijo- Asesor Espiri-tual. Así, de vez en cuando,-tampoco es conveniente abusar-echar algún que otro rezo, para el buen desarrollo de las moratorias pendientes o algún que otro responso por los campos de golf y puertos deportivos que E.P.D.

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