La Increíble historia de Señor Julián Guillén

Por Agustín Cabrera
Fuente: La Hoja de Tinajo – Nº 46- 19 al 26 de Junio

Cuando Genaro cayó gravemente enfermo, lo llevaron en camello desde Las Calderetas a Tinajo con la intención de trasladarlo urgentemente al Puerto en el camión del reparto. Señor Julián Guillen sentenció: -¡Joo joo¡; A Genaro se lo llevan a Tinajo pero a Las Calderetas no vuelve.- Llegando a Tinajo, Genaro murió y lo velaron en casa del señor José Cabrera Figueroa, “seño Pepe el blanco” como cariñosamente lo conocían en el pueblo.

Señor Julián Guillen era “pernóstico”, poseía esa rara cualidad para saber lo que iba a ocurrir con tres o cuatro días de antelación en lo que a personas o animales se refería. Para acontecimientos relacionados con el tiempo u otros fenómenos en que intervenía la madre naturaleza, los pronósticos los hacía con varios meses de anticipación. Era tal la exactitud de sus vaticinios, que ricos hacendados de la comarca como don Pedro Cabrera, antes de entregar la semilla a los medianeros preguntaba a señor Julián Guillen por los augurios que él presentía sobre el invierno que se avecinaba.

Cuentan que un día, señor Julián advirtió a su hijo Elías, que pusiese cuidado, ya que una de las cabras del ganado estaba para parir esa noche y que aseguró- eran dos las baifas que traía. Así ocurrió y Elías de vuelta a casa llevando las baifitas una en cada mano y cogidas por las patas traseras, se encontró en el campo con un recalcitrante vecino, el cual le pidió una de las baifas, ya que según dijo la única cabra que tenía, se le había muerto de parto. Elías, que al parecer tenía un corazón que no le cabía en el pecho, le regaló la baifa al buen hombre. Al llegar a la casa su padre le preguntó por la baifa que faltaba, al decirle este que no había parido sino una, el viejo le contestó: ” ¡joo joo¡ – o la diste o te la quitaron”- y no dijo nada más. Pasó un año y tropezó señor Julián con el vecino al cual su hijo le había regalado la baifa, el hombre estaba recogiendo unas mieses en el campo al mismo tiempo que guardaba un pequeño rebaño. Señor Julián fijándose en una cabra que le pareció familiar preguntó por ella al pastor y éste sin pestañear contestó diciendo: esa es hija de una cabra que se me murió de parto el año pasado-. Señor Julián le miro fijamente a los ojos y señalando a dos de sus propias cabras dijo: -j joo joo¡ no, esa cabra es hija de ésta y hermana de aquella.- y siguió su camino.

Señor Julián Guillen y señor Miguel Duarte, eran gente cumplidora con la Iglesia. Todos los domingos recorrían a pié los tres kilómetros largos que separaban el caserío de Las Calderetas, de Tinajo, para poder oír Misa. A la salida de la misma, los hombres se sentaban en los bancos adosados a la Sacristía y durante un rato cambiaban impresiones sobre las novedades de la semana que acababa. Señor Miguel Duarte se había quedado frente a la Iglesia despidiéndose de sus hijos los cuales ya casados, vivían en Tinajo. En la tertulia Don Agustín Aldana, bromeaba con señor Julián diciéndole: – Usted y señor Miguel Duarte deberían comprarse un coche, para no tener que venir caminando desde Las Calderetas a Tinajo, -a lo que contesto señor Julián ¡Joo joo¡, a mí sí me haría falta el coche, a Miguel no, pues tiene la muerte retratada detrás de la cabeza y a mediados de la semana que viene se muere.-Exactamente el miércoles de la semana anunciada, el pobre señor Miguel Duarte dejó este mundo para siempre.

Un aciago día, de no recuerdo que año, señor Julián preguntó a su mujer por su hijo mayor; arando está en las Melianas, – contestó su mujer. ¿Y Elías? – con las cabras en las laderas del Cuchillo. ¿Y Alfonso? – aquí, en la casa está, Julián. – Pues llámalos a los tres que vamos a rezar el Rosario, porque me voy a morir. No sé si terminaron de rezar aquel Rosario, lo cierto fue que Señor Julián se marchó al otro mundo habiendo pronosticando su propia muerte con un par de horas de antelación.

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