Las garzas del parque

Por Agustín Cabrera Perdomo (1988)

Cuando las garzas arribaron a la isla y sentaron sus reales en la arboleda del parque (la arboleda perdida si alguien no lo remedia) la mayoría de los ciudadanos que frecuentábamos el lugar, pensamos en el despiste en la ruta que podían haber sufrido estas aves, y que su estancia entre nosotros seria breve.
Con el transcurso del tiempo, supimos que no estaban de paso, que estas aves venían a quedarse y crear de paso a la única zona verde de Arrecife un serio problema.

Ha pasado el tiempo y el problema ha tomado dimensiones considerables. Las tímidas medidas adoptadas hasta ahora, no han dado resultado alguno y por consiguiente el deterioro de esta importante zona de esparcimiento a la cual nos enseñaron de niños a respetar y cuidar continua su camino a la destrucción total.
¿Qué es lo que pasa? ¿Es qué no interesa a nadie que se pierda una zona verde que ha costado 40 años en ser lo que hoy es? Ni a los Antimilitaristas de la Yesquera roja, a los protectores de las musarañas del parque eólico, y tampoco a los heroicos defensores de los burgaos y aguavivas de la orilla de la marea, parece interesarles el asunto? ¡Ver para creer tanto defender pedregales e islotes deshabitados, y una zona de tanta importancia para esta Ciudad como es, la hasta el otro día sana y limpia arboleda del parque, no parece interesar a nadie. Pero si es del máximo interés para muchos ciudadanos que como yo, siendo niños, observamos día a día ,como de aquellos terrenos ganados al mar, surgía un espléndido parque, y de sus parterres nacía una vigorosa vegetación, un pequeño oasis que poco a poco fue creciendo, alegrando y embelleciendo la vieja marina de aquel polvoriento y entrañable Arrecife.
¿Cómo se ha permitido hasta ahora tamaño dislate? ¿Cómo unas aves ajenas a estas tierras tuvieron el beneplácito de las autoridades municipales, para en su inconsciencia animal destruyeran este pequeño tesoro verde, que creció con nosotros en los parterres que proyectara don Gregorio Prats?
En estos últimos años de furia ecológica, hemos sido testigos de arriesgados números de circo en la fachada oeste del Arrecife Gran Hotel. Hemos visto zarrapastrosos desfiles carnavalescos por las calles de la ciudad, reclamando protección para algunas especies que crecen en los inaccesibles riscos del norte de la isla. También hemos sido informados muy seriamente, con gran despliegue fotográfico y escrito de cómo se debe salvar el litoral de la ciudad.
Sin embargo a ninguno de estos colectivos, les he visto ni oído manifestarse, al menos con el mismo entusiasmo, de cómo salvar este patrimonio irrenunciable del pueblo de Lanzarote en general y particularmente de los ciudadanos de Arrecife.
Cansado de ver este progresivo deterioro de los árboles, y como las defecaciones de las aves hacen intransitable la zona, quiero mediante este rito manifestar mi “máxima indignación” – al igual que manifestó la suya esa Oficina Canaria de la Sociedad Española de Ornitología – por la destrucción a que se está sometiendo a la flora del parque., Y exigir a las autoridades municipales, que tome quien corresponda una decisión valiente (con lo que hay que tener en estos casos) para poner las cosas en su sitio y acabar con este disparate. No les quepa la menor duda que será una visión que aplaudirán la gran mayoría de ciudadanos.
No quiero terminar sin sugerir al Sr. Presidente del Cabildo de Lanzarote, que como responsable del vertedero de Zonzainas, le instale en sus inmediaciones un observatorio de campo, para ese señor que cuenta picos y patas desde una azotea cercana al parque y pueda instalarse cómodamente y contar de paso los apéndices de las gaviotas que frecuentan a zona. Quizás, – aunque lo dudo por no ser estos tiempos de muchos milagros – ocurra algo parecido a lo del cuento del flautista de Hamelín, con alguna variante en su final – y es que las garcillas y garzas comunes capitaneadas por el Ibis Sagrado (últimamente llegado a la isla acompañado de su esposa) acostumbradas como están a su presencia y observación decidan establecerse en la zona y acompañar de paso al espíritu del rey Zonzainas, que sin duda vaga desconcertado por las ruinas de su palacio entre nauseabundos olores y algarabía de aves marinas.

Categorías: Leyendas | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: