Homenaje a las panaderías de Tinajo

Por Francisco   Hernández Delgado

En el marco de las Fiestas de San Roque 2017, se quiere  hacer un homenaje a las panaderías del  municipio, porque esta rama de la industria ha tenido una gran importancia en nuestra historia.

Las panaderías de Tinajo forman parte del patrimonio etnográfico de Lanzarote, ningún otro municipio, aporta  tanto a esta industria de la alimentación

El trabajo en las panaderías es  un trabajo de sacrificio y entrega de amor y entrega, casi siempre motivado por la herencia de una tradición familiar.

Tinajo llegó a contar con siete molinos y otras tantas tahonas. Los mayores nos recuerdan la molina de don Domingo Santana, el molino de don Julián Pío situado en la zona de Las Cañadas y el de don Andrés Abreut, con su maquinaria traída del pueblo de Haría y  que por su situación parecía dar  la bienvenida a los visitantes que llegaban a Tinajo  desde Tiagua, dejando de funcionar en 1950.

Era el Cabildo de Lanzarote, quien publicaba el precio, peso y lugar donde se podía vender el pan, así vemos como en el Cabildo del 28 de junio de 1629, se acordó que el pan fuese de 10 onzas en masa bien cocida.

El pan se elaboraba especialmente en los cortijos cuyos dueños tenían terrenos para el cultivo del trigo y la cebada, eran especialmente las mujeres las que elaboraban el pan. En tiempos de hambrunas el Cabildo requisaba el pan para repartirlo entre los pobres, tal como ocurrió en 1635. Hay un acuerdo del año 1638 que nos expone  el tipo de elaboración y el peso del pan en esa fecha:

Por cuanto el precio del trigo es de 10 reales a los más la fanega, y las panaderas que amasan para la plaza, hacen el pan de a cuarto a razón de a 14 reales la fanega, echando tan solamente 8 onzas en él, y éste lo hacen  en pan mollete mar servido y mal cocido y con mucha agua, todo ello en muy gran fraude y daño de la república y las dichas panaderas que dieren  pan a la plaza, lo hagan  sobado, bien cocido y con poco agua, echándole a cada pan de a cuarto 10 onzas crudas, para que venga a quedar en 9 cocidas.

Y si no cumplían este requisito se les quitaba el pan y se repartían entre los pobres y los presos de la cárcel.

Tinajo al igual que el resto de los pueblos de Lanzarote, vivió la evolución de los instrumentos utilizados para obtener la harina o gofio, por eso se localizan molinos de mano, molinos de sangre o tahonas, molinos de viento y las molinetas.

Las tahonas, eran  movidas por manivela y después por animales, especialmente camellos y burros.

El precio del gofio en 1771, era de 40 reales   la fanega y el bizcocho era a 70 reales el quintal.

Pero hoy estamos aquí para rendir homenaje a las panaderías de Tinajo, industrias de las que todos nos sentimos orgullosos, que tomaron el relevo de otros artesanos, de otros  hombres y mujeres,  que hicieron del pan su modo de vida.

Nos cuentan que  a la casa que hoy se conoce como casa del seños Pancho Morales, llegó desde Teguise, José Cabrera allá por el año 1825. Emigró con su hermano a Cuba y su regreso  fundó una pradería.

Unos años después, era  en el pueblo de la Vegueta, donde estableció la panadería don Eugenio Duque Perdomo, del que se dice que contaba con una molina de fuego para moler el grano. La industria panadera pasó luego a don Eugenio y este se los traspasó a don Fidel Quintero y a doña Juliana Hernández, quienes elaboraban el pan primero en el Calvario y luego en Tajaste.

Otra de las panaderías de Tinajo fue la que se estableció en la Peña del Calvario, a cargo de don Pedro Curbelo Rivera, que más tarde la trasladó a los Morros de San Roque y desde allí a su casa. Esta panadería sería traspasada unos años después a su yerno don Ismael Alayón Acuña que la estableció de nuevo en los Morros de San Roque,  nos recuerda doña Macusa que repartía el pan en unas cestas cubiertas con un paño blanco.

En 1943, don Luis Mesa Pérez a quien llamaban el Palmero, fundó su panadería en el Calvario. Don Luis compaginaba su trabajo de panadero con el de carpintero de ribera.

Algunas de estas Panaderías, heredadas por manos jóvenes continúan elaborando el rico pan de Tinajo, de las actuales y su historia nos hablará las nuevas generaciones.

No quisiera terminar sin expresar mi agradecimiento al amigo Agustín Cabrera, por su colaboración para este trabajo.

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