Jacinto Vera: primer obispo de la iglesia uruguaya

                     “Agricultores de Tinajo en la naciente República del Uruguay”

     En 1.813 la Banda Oriental del Uruguay luchaba por nacer independiente, Montevideo estaba sitiada. En ese mismo año la familia de Gerardo Vera y Josefa Durán salían de la isla de LANZAROTE del Archipiélago Canario, para continuar con su trabajo de labradores en las costas del Río de la Plata.

   Se embarcaron con sus hijos nacidos en Tinajo, María, Dionisio y Francisco R., estando Josefa embarazada de su cuarto hijo. Pensaban que vería la luz en Montevideo, su destino previsto.

   Al llegar a Santa Catalina (Catarina), Brasil, enterados de la situación de la Banda Oriental, deciden esperar, y en los primeros días de Julio, nace  JACINTO que será bautizado al mes siguiente, el 2 de agosto de 1.813, en Nuestra Señora del Destierro, la Parroquia de RIO GRANDE en Santa Catalina (Caterina) (Datos del Vice Postulador, Presbítero Martín Tasende en 1.935).

   En Santa Catalina (Caterina) nace también Mariana, quinta y última hija del matrimonio canario. La hija de Mariana, Rosario Sánchez Vera de Carransa, atestiguó que su madre había llegado al Uruguay a los 5 años, cuando su hermano tenía 7 años, es decir en 1.820.

   La familia VERA DURÁN toca costa uruguaya en SAN FERNANDO de MALDONADO. Gerardo Vera, labrador en su Tinajo natal, busca seguir trabajando, unas tierras que arrendaron a Pablo de León, en el abra de la Mallorquina, entre la Laguna del SAUCE y la ciudad de San Carlos de Maldonado. El Presbítero Lorenzo Pons, en la biografía que escribe en 1.904, nos dice que el Obispo Jacinto cuando pasaba en sus recorridos pastorales por esa zona, recordaba el Valle en donde había perseguido venados y hecho correr avestruces y cuando trepaba o descansaba en aquel gran ombú que le daba sombra.

    Con el trabajo de 8 años Don Gerardo Vera puede comprar una fracción de campo en TOLEDO, departamento de CANELONES. A una legua y media (unos 7 Km.) de la Capilla de Nuestra Señora del Carmen, en campos que fueron de ROVIRA, se instala la familia VERA DURÁN, que sigue desarrollando la agricultura y para comodidad de los vecinos abren una TAHONA (Horno de Pan) muy cerca de la casa familiar.

   Actualmente en esa zona (1.994) a orillas del Arroyo Toledo, se encuentra el VIVIERO NACIONAL. Durante esa etapa de la familia Durán, llegan parientes de Canarias y el Puerto del BUCEO, antes tocar tierra, nace Agustín Durán, con el tiempo un conocido PLATERO de Montevideo, grabador de las primeras medallas conmemorativas de hechos históricos de ambas márgenes del Plata, otro canario que aporta sus conocimientos a la creciente familia uruguaya.

   Desde Toledo donde trabajaba con su padre, Jacinto visita la Iglesia de San Francisco y la Casa de Ejercicios de Montevideo. Luego de reconocer su vocación al sacerdocio, empieza sus estudios de humanidades bajo la dirección del Presbítero Lázaro Gadea, capellán en ese entonces en PEÑAROL.

     No existiendo Seminario en la Banda Oriental, el Vicario Dámaso Antonio Larrañaga debe enviar a sus seminaristas a BUENOS AIRES. Jacinto estudia en el Colegio San Ignacio. Es ordenado sacerdote en las Catalinas de Buenos Aires, el 6 de junio de 1.841. Lo destinan entonces a CANELONES, donde fue primero teniente cura hasta 1.852 en que es nombrado CURA VICARIO de Nuestra Señora de Guadalupe.

    En 1.857 es elegido representante Nacional por CANELONES, pero no acepta por verlo incompatible con su ministerio sacerdotal.

   Durante estos años visita constantemente las Capillas de su Parroquia, atendiendo a sus feligreses con gran dedicación. San Juan Bautista de Santa Lucía, San Salvador de Tala, Santa Rosa y todas las que están bajo su jurisdicción.

   En 4 de septiembre de 1.859, el Papa lo nombra VICARIO APOSTÓLICO de MONTEVIDEO con jurisdicción en toda la República, para ocupar el cargo dejado vacante por la muerte de Don José  Benito Lamas, víctima de la fiebre amarilla.

      Jacinto Vera viaja a Montevideo y toma posesión como Vicario el 14 de diciembre. Su primer deseo es reunir a todo el clero en los Ejercicios Espirituales y desde el momento en que los realiza con ellos preparar sus visitas Pastorales. Siempre dispuesto a salir a evangelizar, no repara en las dificultades que presenta la geografía uruguaya, con sus abundantes ríos y arroyos, pocos vados aptos para los carruajes, las distancias y el cansancio de los caballos y las pocas posadas entre una parroquia y otra.

   El 25 de abril de 1.860, sale por primera vez para recorrer la campaña en visita apostólica. Le acompañan los Presbíteros Letamendi y Yeregui y volverán a Montevideo nueve meses después. Primera visita a San Fernando de la Florida, en Mayo a San Pedro del Durazno (palabra traída de Canarias, en las otras provincias españolas se llama albaricoque), de ahí a Santísima Trinidad de Porongos, Capilla Nueva de Mercedes y Santo Domingo de Soriano, luego bajan por la cuchilla del Bizcocho hasta Rosario del Colla donde permanecen desde el 7 de agosto hasta el 2 de septiembre, en esos días se lastima una pierna, pero sigue con las misiones proyectadas.

   El 15 de septiembre están en Nuestra Señora de los Dolores del San Salvador, el 29 en Nuestra Señora de los Remedios de Nueva Palmira y el 21 de octubre en Carmelo, pueblo fundado por ARTIGAS. Pasa por la Colonia del Sacramento y en San José se detienen a misionar por un mes. El Jefe Político de esa localidad Don Silvestre Sienra, condiscípulo y amigo, los acompaña con escolta hasta el río Santa Lucía.

      El 15 de enero de 1.861 entra en Montevideo por el PASO del MOLINO desde donde lo acompañan muchos fieles en coche hasta la Matriz donde se detiene a orar.

   Su gran aporte al Uruguay como organizador de la Iglesia, como evangelizador de la familia uruguaya y como defensor de la fe, se vio coronado el 16 de julio de 1.865 cuando es ordenado OBISPO para toda la jurisdicción de la República.

  A su muerte el 6 de mayo de 1.881, Juan Zorrilla de San Martín lo despide con la frase que todos sentían: “Pueblo uruguayo, el santo ha muerto! Nació predestinado a hacer la felicidad del pueblo uruguayo y ha cumplido la volontad de Dios”.

   Por Beatriz Torrendell Larravida

    Revista del Instituto de Estudios Genealógicos del Uruguay, nº 18 del año 1.994.MONTEVIDEO

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