La infructuosa aventura de don Fructuoso Perdomo. Capítulo XIII

Por Agustín Cabrera Perdomo

La Partida.

En la madrugada de de aquel martes, cuando Rafael el Canario se puso en planta y recordó con magua las peripecias pasadas con Fructuoso en la ciudad de Las Palmas. Sabía de la partida de este y sintió magua por no seguirlo en su futuro periplo aventurero, pero había recibido ya cartas de su casa congratulándose de que hubiese conseguido trabajo, con una buena gente y que las necesidades primordiales estaban cubiertas con la primera plata que ya les había remitido Rafael.

Él estaba dispuesto a seguir a Fructuoso, pero éste le conmino a que desistiera, que pensase en su mujer y sus hijos, que bastantes calamidades habían pasado en estos cuatro meses largos, desde que salieran del Puerto de La Luz.
Fructuoso, antes de zarpar del puerto canario, había escrito una extensa carta a sus padres, donde les explicaba su decisión de haberles dejado por no tener que afrontar la despedida de su madre, a pesar que aquella mirada que le dedicó cuando abandonó la casa alegando un viaje de negocios a Gran Canaria y le dio a entender que aquel viaje se demoraría un poco más en el tiempo. Les pedía perdón y prometía un regreso en dos o tres años, quizás un poco más si las cosas no le salían como él tenía previsto. La lonja, si querían mantenerla abierta sería como una obra de caridad, ya que tenía libretas con los adeudos de familias desde hacía años y que no había sido posible cobrar. Muchas de estas familias antes de emigrar y para pagar los fletes vendieron sus propiedades y fue don Rafael Perdomo quien compró a quienes vinieron a ofrecérselos para hacer frente a las deudas que habían contraído con él en la tienda a Costa del precio de los terrenos vendidos. A muchas de estas familias les condonó don Rafael las deudas para que pudiesen hacer el viaje y poder sobrevivir antes de encontrar colocación en aquellas republicas de Sudamérica. Algún que otro terrateniente sin escrúpulos, aprovechándose de la necesidad de algunas familias de emigrantes, compraban los terrenos a precios irrisorios, jactándose luego de sus hazañas en las cantinas del pueblo. Muchos de estas propiedades, cayeron en manos de prestamistas usureros que terminaban quedándose con los terrenos al no poder afrontar el pago en el tiempo acordado. Terminaba la carta contándoles de su estancia en Canelones obviando hablarle del tío José Domingo, ya que pensaba contarles más extensamente su romántica relación con su media prima la encantadora y bella Begoña.
Fructuoso había dejado en su pueblo a varias muchachas bebiendo los vientos por él, y aunque nunca les prometió nada si dio a una ciertas esperanzas a una joven llamada Margarita y a quien; bajo su ventana en una noche de farras y luna llena le recitó aquello de: Margarita; está linda la mar y el viento lleva esencia sutil de azahar….. A Margarita aquello le llegó al alma, pero no estaba en los planes a corto plazo del joven Fructuoso, un noviazgo en serio teniendo ya como tenía planeado su viaje al otro lado del mundo.
Ante el porche de la casa donde le habían acogido como a un hijo, un medio penco alazán de no muy buena planta, permanecía a la espera del su inexperto jinete. Fructuoso salió al porche acompañado por su tío José Domingo. En el piso alto; una cortinilla se plegó hacia un lado y una figura de mujer se traslució desde los cristales de la ventana. Fructuoso miró hacia ella y sin decir palabra, mentalmente se lamentó de provocar aquella desazón y sufrimiento en la mujer que amaba con toda su alma. En la mañana de aquel día del tibio verano uruguayo, partió Fructuoso hacia las riberas del Paraná con las sabias recomendaciones de su tío sobre los peligros que tendría que sortear al cruzar la jungla y llegar a la confluencia de los tres países colindantes; Argentina Paraguay y Brasil.

Agustín Cabrera Perdonenme. Esto se acaba el sábado que viene si el tiempo y la autoridad lo permiten.

 

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