Pregón de Mancha Blanca 1999

POR  JOSÉ DE LEÓN HERNÁNDEZ

Me gustaría, a través de estas notas, agradecer la invitación que me han hecho, para estar aquí en una fiesta tan entrañable para todas las mujeres y hombres de esta isla, y sobre todo de este Municipio de Tinajo, al que tantas vivencias y recuerdos me unen. No en vano, mi afición a la arqueología dieron sus primeros pasos en las expedi­ciones infantiles que hacía a la Montaña de San Roque cuando me quedaba en casa de mi tía Teresita Quintero, o cuando merodeaba la vieja Mareta enfrente de la tienda de Roque los días en que mi padre venía a visitarlo. Es a este pueblo, a la gente senci­lla, a quien debo gran parte del saber que aquí les cuento. Son las personas mayores quienes han trasmitido en su memoria, y sobre todo en su corazón, esta llama viva de la Historia que aquí nos reúne. A D. Juan Rivera, Rafael Duarte, María Cáceres, Vir­gilio, Tito y Pepe Rivera, Josefa de León, Leandro Toribio, mi abuelo Frasco de León, Alfonso, Manuel Hernández, Tomás Rojas, Marcial Rodríguez, mi tío Leandro, a los hermanos de mi abuela Margarita Bonilla, quién, hasta hace unos años, iba a rezar el rosario a la Cruz de Tiagua, donde la Virgen de los Dolores paró por segunda vez el Volcán en 1824. Y de forma muy especial a todas las chinijas y chinijos, que son el futuro inevitable que hoy comienzan a brotar en los surcos de nuestro presente y que deben continuar, no sólo con la aventura de la vida en esta tierra de volcanes dur­mientes, sino con estas hondas tradiciones, para que no se sientan hijos de cualquier parte, sino herederos y dueños de su destino.

Para reconstruir el pasado y para acercarnos a lo que vivieron nuestros antepasa­dos hace 264 años, no basta con rescatar lo que permanece aún vivo en la tradición oral, también hay que investigar en viejos papeles, que a duras penas sobreviven hoy al paso del tiempo, y patearse estos volcanes, jables, costas, montañas, para encontrar los restos de aquella época.

Fruto de nuestro trabajo, son los documentos y noticias que aquí les voy a pre­sentar. Uno de estos documentos es el Acta fundacional de esta celebración y de esta Fiesta, el cual aporta nuevos datos sobre lo que ocurrió allá por el mes de Abril de 1735 aquí mismo donde estamos reunidos y puede ser de gran ayuda para acercarnos más al conocimiento de la importancia que la Virgen de los Dolores ha tenido para la Historia y la identidad de Lanzarote, y nos sirve para entender porqué es la Patrona más joven de las islas, llegando a desplazar en su devoción y fervor popular al propio San Marcial, patrón de los tiempos de la Conquista.

Eran las nueve y media de la noche del primero de Septiembre de 1730 cuando de pronto se abrió la tierra cerca de la aldea de Chimanfaya, que estaba situada muy cerca de la montaña de los Cuervos o de La Lapa.

Ya desde esas primeras horas, los vecinos asustados por aquél desconocido fenó­meno que les quemaba sus tierras, casas y aljibes, después de salvar parte de la cebada de los pajeros del Alférez Julio Perdomo y de la Cilla de Chimanfaya van a pedir la intersección de la Virgen a la ermita de Nuestra Señora de Candelaria. Esta ermita no estaba en Tías, sino al sur de Tisalaya, cerca de la Cueva de Las Palomas. Fue destruida por los volcanes en 1734. El pueblo de Tías surgió después de las erupciones. A la jurisdicción y distrito de esta ermita pertenecían algunas de las aldeas destruidas por los volcanes como El Rodeo, Chimanfaya, Mancha Blanca, etc. Un grupo de vecinos, entre los que estaban Luís Martínez Legarto, Pedro Pérez, Gerardo de Torres, José Fontes Luís, María Toribio y José de Aguiar, que a finales de 1734 viven en Tinajo y Tajaste, fabricaron con sus caudales la ermita de Nuestra Señora de Candelaria “la que arruinó el fuego”, salvándose solamente la imagen, los adornos y la madera. La devo­ción a Candelaria estuvo muy arraigada en Tinajo como se desprende de los testamen­tos de algunos vecinos a lo largo del s. XVIII y de la hermosa talla de Nuestra Señora de Candelaria, atribuida al escultor Estévez, que existe en la ermita de San Roque.

Desde el comienzo de las erupciones se suceden todo tipo de actos religiosos. Antes de finalizado el año 1730 se realiza en el Templo Matriz de la Villa, una misa cantada con tercia y procesión general por “la pressente fatiga de los volcanes que rebenta­ron en esta isla”.

Otras fueron las vírgenes invocadas por los vecinos. El Cabildo Catedral propone la bajada de la Virgen del Pino en procesión desde Teror hasta Las Palmas, en Enero de 1731, por los volcanes de Lanzarote, que “ha llegado a extremos de verse desde estos parajes el fuego de ellos, y por muchos días espantosos golpes o vuelcos que tienen atemorizados estos pueblos.”

Las rogativas, procesiones, oraciones, misas, etc. iban a ser constantes a lo largo de todo el período que duraron las erupciones. Según la dirección de las lavas, o de las nubes de cenizas y según la zona donde reventaba un nuevo cráter, la población de los pueblos próximos pone sus últimas esperanzas en aquellos santos o vírgenes en quién tenían más devoción. Una de las ermitas más importantes de la isla estaba situada en la aldea de Santa Catalina, que fue destruida por las lavas, casi de repente, sobre el 7 de Septiembre de 1730, como relata el cura de Yaiza, D. Andrés Lorenzo Curbelo. De esta aldea eran varios de los firmantes del documento que aquí presentamos. El recuerdo del pueblo y la ermita de Santa Catalina ha quedado profundamente gra­bado en la memoria de los habitantes de la isla y en particular de Tinajo, ya que en la tradición oral (Juan Rivera, Ricardo Toribio), se cuenta que “la puerta de la iglesia de San Roque, que está orientada al naciente, perteneció a la ermita de Santa Catalina y fue traída, arrastrada por camellos, por la gente huyendo del volcán”.

También la Virgen de los Remedios está vinculada a los volcanes del s. XVIII y se le atribuye el milagro de haber parado las coladas incandescentes que en Abril de 1731 amenazaba Yaiza y su ermita. En 1733 nos dice el Obispo Dávila y Cárdenas que el “volcán ha llegado casi a las paredes” de ella. En Tenerife el Cabildo por “la fatali­dad de los bolcanes que an sobrevenido en la Isla de Lanzarote” acuerda, el 17 de Noviembre de 1730 hacer, en la Parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, rogativas a esta Virgen y a la de Candelaria.

El 25 de Marzo de 1733, coincidiendo con una etapa de reactivación de las erup­ciones, se produce un importante acto religioso y popular, a partir de una circular del Obispo Dávila y Cárdenas, que seguramente movilizó a los vecinos de Tinajo y Tajaste, ya que Mancha Blanca estaba sepultada por las lavas y se rehace a final de las erupciones (La antigua aldea estaba entre las Montañas de Ortiz y Tabaibas). En el escrito del Obispo, se dice: “Porque con sumo dolor de nuestro corazon hemos bisto los graves daños que ha hecho el volcán o bolcanes en el ysla de Lanzarote. Por tanto hemos resuelto en la dicha Isla y en esta de Fuerteventura que en un mesmo cita y a una mesma hora (las cuatro de la tarde) se… implore la divina misericordia…; para lo qual… mandamos a nuestros suditos y Benerables beneficiados, curas, capellanes y demás personas eclesiásticas y a los reverendos padres priores y guardianes se sus conventos y a los demás fieles crhistianos que cada uno por lo respectivo a su Parrochia en el día veinte y sinco de Marso de este presente año …se cante la misa popular con la maior solemnidad con asistencia del Pueblo y por la tarde se salga procesionalmente con una imagen de la que Reyna en donde la hubiere y otra del Señor San Pedro de Alcántara a quién emos puesto por medianero…”

Ahora bien, las erupciones no desaparecieron. La congoja y sobresalto de los pobres habitantes de la isla iba a más, ya que después de varios meses de calma, vol­vían a reventar nuevos volcanes. Los terremotos ponían de nuevo a la población en alerta, como ocurrió el 10 de Marzo de 1732, en que “se descubrió la Virgen por los muchos temblores y terremotos que hubo”.

Entre 1731 y 1733 la actividad volcánica se concentra en las zonas cubiertas por las lavas, o en áreas despobladas de la costa de Maso y Tenemosana. Será a partir de 1733, y sobre todo 1734, cuando las coladas toman otro rumbo y destruyen el Puerto Real de Janubio en la Costa de Yaiza y se interna y extiende por el centro de la isla hasta alcanzar Arrecife y el Jable. En esta etapa, las lavas destruyen importantes Vegas y algunos núcleos de población ya abandonados, semicubiertos por las arenas, como Iguadén, Candelaria, etc… Esto iba a suponer un nuevo revés, ya que muchas perso­nas conocían, desde 1733, las grandes posibilidades que los terrenos cubiertos de are­nas ofrecían para la agricultura. Algunos de los vecinos de Tinajo y Tajaste, que firman el Documento de Dolores, manifiestan en ese año, que han experimentado en los terrenos arenados que “de un pedasillo mui corto que se senzbro correspondio la fanega de sem­bradura a más de sinquenta por fanega que en el tiempo presente es grande correspondencia”.

En este momento de la actividad volcánica habría que buscar el origen de los sucesos acontecidos con Nuestra Señora de los Dolores. La actividad volcánica, ame­naza físicamente, no solo a Tajaste y Tinajo, donde viven personas que han perdido gran parte de sus propiedades, sino que amenaza las áreas recién repartidas por la Real Audiencia, de Yuco, Tinguatón, y lo que hoy es Mancha Blanca, con el fin de culti­varlas. En esta zona viven algunos vecinos de la destruida aldea de Tíngafa después de perder “todas sus tierras, casas y todos sus bienes…sin tener en donde sitiarse ni en donde sem­brar ni un puño de pan”. El área donde se realizan estos repartimientos a los habitantes de las destruidas aldeas de Tíngafa y Mancha Blanca iba pertenecer al término de Tin­guatón, “…entre la punta del Malparí que corrió hacia la Hoya de la Perra, derecho a la Montañeta del Medio de Guiguan, lindando con el término de Tajaste”. Se trata de la zona donde se sucedieron los acontecimientos de la Virgen de los Dolores.

Además de los vecinos de Tinajo que ven amenazada su aldea y sus propiedades, alguna de las personas que solicitan el nombramiento de la Virgen de los Dolores como protectora frente ayos volcanes, vivían en las zonas cubiertas por el volcán. Estos vecinos se benefician de estos repartimientos, a pesar de la oposición de una de las familias más poderosas de la isla, los descendientes del Capitán D. Luís de Betancurt Ayala. Una derivación de ese pleito recorre todo el s. XVIII condicionando el uso y la edificación de los terrenos en litigios. Habría que estudiar la relación que pudo tener la construcción de la ermita con este conflicto.

Los habitantes de estos distritos iban a vivir momentos de gran incertidumbre. En los períodos de actividad, conviven con “el Volcán”, como se desprende de algunas tradiciones recogidas en vecinos de Tinajo y Tajaste como Juan y Tito Rivera, que nos contaron como la gente dormía en las montañas por la noche y hacían bailes porque el resplandor y el humo no los dejaban dormir. En los momentos de calma, se produ­cen algunas grandes compras en zonas que después arrasará el volcán. Como la que hace el 8 de Noviembre de 1730, Joseph de Aguiar, que fue vecino de Mancha Blanca, quién realiza una importantes adquisición a Miguel de Armas, vecino de la destruida aldea de El Rodeo “…de una casa, era, aposento, cocina, horno, taro, corral de pajeros, dos aljibes, una huerta de tuneras y gran cantidad de terrenos en las zonas de Tíngafa, Montañeta de Haga, La Hoya de Juan de la Mar (donde hoy están los Islotes), Montaña Blanca de Perdomo y de Chimida, …”. Todos estos bienes desaparecieron a los pocos días.

Joseph de Aguiar, se va a vivir a Tinajo, y es uno de los que firman el documento de la Virgen de los Dolores. También firman el Capitán Roque Luís, ya anciano, que fue vecino de Santa Catalina y en 1735 lo es de Tajaste y que posee una gran fortuna al iniciarse las erupciones, Pascual de Silva, que fue vecino de Tíngafa y Luís Martínez Lagarto, Pedro Pérez, Gerardo de Torres, José Fontes y Pedro Luís, vecinos de la desa­parecida Mancha Blanca. Pedro Luís, fue nieto del Capitán Gaspar Duarte, mayor­domo de la ermita de San Roque. En el testamento de su nuera Ana de Cabrera, se dejan varias misas rezadas a Nuestra Señora de los Dolores el 15 de Enero de 1735, meses antes del documento que vamos a presentar. Las primeras referencias de la Vir­gen de los Dolores las tenemos del año 1733, al imponerse varias misas rezadas en su honor el Viernes de la Semana de Ramos. También figura en el Libro de Fábrica de la ermita de San Roque un cuadro de Los Dolores.

Creemos que en el siguiente documento está el origen de la Conmemoración de Nuestra Señora de Los Dolores (luego llamada Señora o Virgen del los Volcanes). Serán los vecinos de Tinajo, a quienes representan los firmantes, quienes la proponen como Patrona de su comarca, aunque muy pronto será asumida y reivindicada como Patrona de Lanzarote. Estos mismos vecinos son los que mencionan, también por pri­mera vez, estas fiestas. Veamos a continuación un resumen del Documento:

“En el lugar de Tinaja Ysla de Lanzarote a primero de Abrill de Mill Septecientos treinta y cinco …ante mi el presente escribano… parecieron presentes Pasqual de Sylva, Bartolomé de Betancur Lenzes,.Dn. Bartolomé de Cabrera el mozo, el Theniente Capitán Roque Luis, Fer­nando Vega, Bernardino Cabrera, Juan de Morales, Pedro Bernardo Lemes, Sebastián Rodríguez, Christoval Pérez y Joseph de Aguiar vecinos de este lugar de Tinajo… en nombre de los demás vecinos de este dicho lugar ….dixeron QUE ELIGEN Y NOMBRAN POR ESPE­CIAL PROTECTORA Y PATRONA DE ESTE LUGAR A LA SANTISSIMA SIEM­PRE VIRGEN MARIA MADRE DE DIOS Y SEÑORA NUESTRA CON EL VENERABILISSIMO TITULO DE LOS DOLORES debajo de cuia protección y amparo se ponen para que con su poderosissima interscessión alcance de Dios Nuestro Señor QUE LIBRE ESTE LUGAR Y SUS DISTRITOS DE LAS RUINAS DEL BOLCAN DE QUE SE HALLA AMENAZADO Y EN RECONOCIMIENTO DE SU GRATITUD ….SE OBLIGAN A QUE TODOS LOS AÑOS ínterin que este lugar se conserve indemne del fuego de dicho Balan HARAN UNA FIESTA A LA VIRGEN SANTISIMA CON DICHO TITULO DE DOLORES EN EL VIERNES DESPUES DE LA DOMINICA PASSIO­NES la que harán uno o mas vecinos según el caudal de aquellos a quienes para cada año se repartiese para la qual fiesta avran de pagar a el Beneficio los derechos timbrados y la HAN DE HASER EN LA HERMITA DE ESTE DICHO LUGAR…. siendo presentes el Rdo. Padre Fray Raphael de Abreu …del convento de Nuestra Señora de Miraflores de esta Ysla de la Orden de Mi Seraphio padre San Francisco, Dn. Joseph Aerndíndes Cordero Presbítero y Christoval Días Espinosa vecinos de esta dicha Ysla.”

Los datos aportados por este escrito matizan algunas ideas que han existido hasta hoy sobre la tradición. Es el 1 de Abril de 1735, cuando las lavas, posiblemente de la Caldera Colorada, se acercan a Tajaste y cuando se nombra a la Virgen de los Dolores como “mediadora”. En ese contexto se haría la conocida procesión desde la ermita de San Roque, situada entonces en el “serro” como dice un documento del Archivo Parroquial de Tinajo, y se dirige a Güiguan, con un cuadro de la Virgen de los Dolo­res y posiblemente con San Roque. El Padre Guardián, quizás fuera el Reverendo Padre Fray Pedro Gil, que era el Padre Guardián del Convento de San Francisco el 1 de Enero de 1733, según el testamento de Pedro Luís Rocha, vecino de Tinajo y gran devoto de San Roque.

No se plantea en la petición la obligación de erigir una ermita en honor de Nues­tra Señora de los Dolores. El compromiso era celebrar cada año una fiesta el viernes después de la Semana Santa. La festividad de los Dolores se cambia al mes de Sep­tiembre tardíamente. La tradición, no obstante, dice que en el lugar donde se detu­vieron las lavas, se puso una cruz y se prometió erigir una ermita. En el testamento de Juan Fernández Nieves, vecino de Tajaste, fechado el 18 de Abril de 1739, se dice: “Y tem declaro que un alxibe que tengo en los Rostros de Mesa lo dexo para la ermita que primero se hiriese en el lugar de Tinajo …la de Nuestra Señora de los Dolores o la de Nuestro Padre San Roque que oi es mi boluntad.”. Este interesante documento plantea la posibilidad de levantar la ermita cuatro años después de los hechos aquí narrados, y se podría inter­pretar de él, que la ermita de San Roque se encontraba en situación precaria, aunque, según un mapa militar de la isla, en 1744 estaba en pie.

No existe una idea clara de cuando comenzó a fabricarse la ermita de los Dolores. Sabemos que en 1774 el Capitán Fco. Duarte impone varias misas rezadas a Nuestra Señora de los Dolores, pero en la ermita de San Roque. En 1791 parece que ya estaba construida, según testamento de Luís Betancor Lemes. El milagro de la aparición de la Virgen de Los Dolores a pastorcita Juana Rafaela se ha relacionado con la pro­mesa incumplida de levantarle la ermita. Tan sólo como hipótesis, queremos plantear la posibilidad de que ocurrieran algunos sobresaltos de tipo natural en la isla, que hizo recordar a los vecinos tal promesa. Se han documentados temblores de tierra en Fuer­teventura poco después de los Volcanes de Lanzarote. También hay que recordar las trágicas sequías y hambrunas de 1772, dos años antes de la “aparición de la Virgen”.

Quiero referirme a una anécdota ocurrida hace algunas décadas en este pueblo que tal vez muchos de ustedes recordarán. Nos contó D. Pedro Hernández vecino de Mancha Blanca, la vez que algunos jóvenes del pueblo hicieron una hoguera gigante cerca de Los Rostros, y la gente, asustada, se congregó creyendo que era un nuevo volcán. Bueno, aunque en este caso fue una broma, en el pasado tenía que ser un motivo suficiente para invocar la protección de Nuestra Señora de los Dolores, como ocurrió en los volcanes de 1824 y en las numerosas calamidades vividas por nuestros antepasados con posterioridad. Sequías, plagas, hambres erupciones, conquistas, emigración, turbones, han acompañado el duro tránsito de nuestra gente a través de la Historia. Esos hechos marcaron la vida y la cultura de aquellos Majos que vivieron en las Casas Hondas de Tajaste, Chimanfaya, Tíngafa, Maso, Guimón y Tinajo (donde había una casa honda que luego perteneció a la legendaria Ana Viciosa), de los miles de moriscos, esclavos o libertos, que contribuyeron a repoblar esta isla y que, en algunas aldeas como Tin­guatón, vivían en “jaimas” hasta el s. XVII, y en general, de las generaciones de muje­res y hombres de estos pagos, que han empujado el mundo durante siglos, curtidos por el tiempo y por las injustas formas de explotación a la que han estado sometidos. Ante esas desgracias, la población ha invocado a alguna fuerza sobrenatural que les amparase, antaño la de los Majos, después de las erupciones la Virgen de los Volcanes.

Ha sido la llama de la fe y la llama de la identidad la que la ha hecho llegar hasta nosotros pletórica de fuerzas. Será su sentido religioso, el que llega a imponerla como patrona de Lanzarote, acogiendo un peregrinar creciente, de miles y miles de mujeres y r hombres de esta tierra a lo largo de estos 264 años, desde los sitios más recónditos de nuestra isla, desde la Graciosa, después de cruzar el Río, subir el Risco y atravesar el Jable, o desde el fervor del emigrante que vuelve, o la siente allá con nostalgia, (algo de lo que sabe bastante la gente de estos pueblos). Será su sentido cultural, el que provocará un incesante andar, hasta llegar aquí, a su residencia permanente, junto a las lavas o a cualquiera de los corazones que hoy asisten a esta nueva celebración de su festividad y el que llega a concentrar, gran parte de una tradición que han servido para, siglo tras siglos, años tras años, seguir sorteando las trampas del olvido y llegar hasta hoy, donde mas que nunca se necesita de la mediación de nuestras voluntades, si no queremos desaparecer como pueblo dentro de nuestra propia isla.

El viejo cura D. Tomás decía, quizás un poco injustamente, que eran las pasiones y los vicios los volcanes que asolaban estas tierras a mediados de este siglo. Decimos nosotros ahora, que los nuevos volcanes son la avaricia y el egoísmo, el dinero fácil y la ambición que en forma de cemento avanza como nuevas lavas por todos los rinco­nes Lanzarote. Hoy son las explosiones de una presión humana desmedida que avanza a causa de esos nuevos cráteres que hoy nos acechan y que cada día nos hace perder un poco más de nosotros mismos y de nuestra identidad. Intentemos detener hoy, como hizo la Virgen de los Dolores, el fuego que amenaza nuestra esperanza. Quizás la aparente belleza de estos .nuevos volcanes, que hoy son el falso progreso, no nos dejen ver bien los peligros que guardan dentro. Quizás volvemos a caer en la tenta­ción de creer que somos dueños de la tierra, de la vida, de los mares, sin recordar que la naturaleza, aquí y en cualquier sitio, a pesar de haber alcanzado la Luna y de asistir a un mundo esclavo de los grandes avances tecnológicos; no nos pertenece. Le perte­nece a todos los seres y especialmente a los que vengan detrás hijos de nuestras pro­pias entrañas. La Virgen de los Dolores representa eso, la grandeza de la naturaleza y la necesidad de ser tremendamente respetuosa con ella, con nuestro pequeño terruño, con nuestros jables y volcanes, con nuestros veriles y fragosos, con los restos de los Majos y nuestros aljibes viejos, que, como el de Dolores fue construido por el pueblo de Tinajo para asistir a los peregrinos. Esto hay que respetarlo y entregárselo a quienes vengan después.

Para terminar, quiero proponerles algo. La Historia no sólo son crisis y desgra­cias, penas y sinsabores. Los volcanes, gracias al trabajo y al ingenio de nuestros mayo­res dieron frutos y revolucionaron nuestra agricultura. Hoy son la admiración de quienes nos visitan y hacen que Lanzarote sea mucho más que sol y playas. Pero, más allá de las postales y la estética, encierran, sobre todo, el triunfo de la vida, la victoria de nuestra gente sobre la ardiente roca, sobre el frío malpaís o sobre la seca agonía de la tierra. Encierra la esperanza y la alegría de las mujeres y hombres que por esta tierra han pasado y de quienes estos días han decidido compartir unos ratos hermosos y fes­tivos con la Virgen de los Dolores y con toda esa gente nuestra que está, en nuestras aspiraciones, mas cerca de lo que imaginamos.

Ahora toca la fiesta, la alegría, el timplillo, y las parrandas, la romería y el saludo de viejas y nuevas caras. Estos son los días en que nuestro pueblo celebra y se celebra. Se trata del mayor acto de exaltación de la cultura lanzaroteña y es su gente reunida quien conmemora su devoción y su identidad. Es necesario que ese protagonismo, como ocurre con la Virgen de los Dolores, no se quede sólo en estas fechas, y pueda estar presente todos los días del año.

Espero que estas historias que les he contado, haya servido para conocer un poco más nuestro pasado, un poco más la celebración de los Dolores y un poco más los llamados de nuestras conciencias. Quiero terminar este Pregón con los ecos que vie­nen de atrás, del pueblo sencillo de estos pagos. Serán sus voces, y no las mías. Serán sus recuerdos quienes den paso a estas hermosas fiestas que acaban de comenzar. Primero, con unas palabras de un vecino ya fallecido de este pueblo, que nos contó historias para que nunca más se murieran, D. Juan Rivera: “vaya a verla, es que está la puerta abierta, que como eso no hay en Las Palmas ni en ningún lado hay otra tan bonita. Va ahora y se fija usted para ella bien y bien y mañana van y la encuentran de otro color, con una mirada diferente…” y por último con unas hermosas coplas de Teresa Betancor, que sirven como homenaje también a la mujeres de estos pagos, quienes han escondido mas que nadie estas largas tradiciones y a quienes pertenece, a buen seguro, más de la mitad de las historias que les he contado:

A la Virgen de Los Dolores

le debemos adorar

porque fue nuestra madrina

cuando reventó el volcán

Madre mía de Dolores

del escapulario Santo

llévame contigo al cielo

y abrígame con tu manto

 

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